KINGDOM TVXQ!

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Arualthings

Blogger - Especial 4

ESOS NIÑOS NO TAN NIÑOS.

Kim Heechul siempre fue un niño con una sonrisa en el rostro.

De esos pequeños que gustan de hacer travesuras, que con una linda sonrisa opacan cualquier muestra de enojo en los demás. Heechul siempre tuvo la capacidad de ablandar hasta al más rígido corazón.

Con sus cortos once años, entendió, en contra de lo previsible que sus padres no podían estar juntos. A Heechul de todas maneras mucho no le impactó la noticia, su padre era piloto después de todo, no lo veía a menudo.

Así que cuando sus padres lo sentaron en el estudio, tomaron sus manos y empezaron a explicar la situación, con mudas expresiones de atención, mirando sus ojos, tratando de dar excusas que no lo involucraban a él.

Heechul estuvo triste por varios días, pero al final decidió que daría lo mismo, seguiría con su madre. Era prácticamente como antes, vería a su padre los fines de semana, saltando una semana de por medio.

No estaba seguro si es por que su familia ya venía arrastrando problemas, o por que realmente el trabajo de su padre le impedía estar en su hogar, pero la ausencia de su padre en el hogar no fue algo que se dejara notar con fuerza.

Pero que si logró hacerlo llorar.

Fue una tarde de Julio, Heechul lo tiene guardado entre sus memorias más tristes. Su padre, luego de una ardua mañana, en la que su madre había sido poco participativa sobre ayudarlo a empacar, había arrancado de a poco cualquier despojo de su paso en aquella casa.

Con sus once años, y sus piernas pequeñas caminó hasta él, abrazando sus piernas, y cuando su padre se agachó para mirarlo y peinarlo un poco, eso no mejoró la situación, por que su padre tenía los ojos húmedos. Y lo abrazó hasta robarle el aire.

Recién entonces Heechul se percató, que aunque no lo viera a menudo. Lo iba a extrañar. Y sus manos pequeñas arrugaron la camisa de su padre, descubriendo que al final, a partir de ese día, su vida no seria como la de los demás.

—Cuida mucho de mamá, ¿si?
—¿Vendrás a visitarme, cierto?
—Siempre que pueda, hijo. Eres lo mejor que he hecho.

Heechul respiró profundo tratando de eliminar el instinto infantil que pugnaba por ser expresado, que luchaba contra si mismo por dejar salir esas lagrimas tediosas e insoportables.

—Nadie te va a cuidar mejor que mamá.
—Te amo, papá.

Con su corta edad, Heechul no era muy adepto a expresarse con esa facilidad, menos a decir aquello, pero supo que ese era el momento para decirlo, lo abrazó una vez más. Y cuando su padre se levantó, despidiéndose con un asentimiento de la que alguna vez fue su esposa.

Heechul no soltó su mano entonces.

—Vendré a verte, hijo. Y estaremos juntos al menos dos días a la semana. Has mucho deporte que te voy a llevar a todos los partidos posibles.
—¡Si!

Su padre se agachó una última vez, besando su frente y viéndolo con adoración.

—Yo también te amo, Chul. Nunca lo olvides.

Y con esas últimas palabras en su corazón Heechul soltó su mano y lo dejó ir. Su padre subió al auto verde que que desde siempre tenía y junto con la pequeña camioneta que había contratado se alejó.

Esa tarde, Heechul se convirtió en el hombre de ese hogar.




—Vamos, Chul. Que es tú primer día en el conservatorio, tienes que verte muy bien.

Heechul rió un poco, divertido con lo emocionada que estaba su madre en haberle conseguido una matricula en aquel prestigioso lugar, la vio arreglarse a ratos y luego regresaba a él para mejorar su apariencia.

—Ya mamá, estoy perfecto.
—Puedes ser más perfecto aún.

Su ego se infló un poco con esas palabras, dentro del auto su madre se miró una última vez frente al espejo y respiró hondo.

—Es un conservatorio muy importante, te dará muchas oportunidades, muchos talentos, de los mejores han salido de aquí. Dan becas envidiables, que otros lugares ni en sueños podrían ofrecer. ¡Vamos a dar lo mejor! ¿Si?

—¡Si!

Heechul levantó su puño, al igual que lo hacía su madre. Sonrió repleto de orgullo, su madre era hermosa y la admiraba, por salir a trabajar cada día, por levantarse temprano cada mañana a prepararle el desayuno a pesar de que se dormía tarde revisando su trabajo pendiente.

Él podía tal vez no demostrarlo, pero la amaba, la admiraba, con intensidad.

Era su ejemplo a seguir.

Finalmente se bajó del auto, con un beso de su madre en la mejilla, ajustando la maleta a su espalda y viendo el amplio lugar que se posaba ante sus ojos.

—Que no te intimide el lugar, mi Chul.
—No estoy intimidado, mamá. Ya ve al trabajo o te multarán por llegar tarde.

—Yo solo quiero lo mejor para ti, quiero un gran futuro para mi pequeño.
—Ya mamá… No seas tan cursi.

Ella le sonrió y Heechul agitó su mano un poco. El carro de su madre se alejó, con ambas manos sostenía la mochila, caminando por el lugar, observando de un lado a otro a los estudiantes que había.

—Pásala bien, hijo. Haz muchos amigos y se respetuoso con los mayores.
—No olvides comer sanamente.

—Si, ya les dije que si.
—¡Siwon hyung es un niño grande!

Llamó su atención la pequeña familia a unos pasos de él. La madre de la familia peinaba al muchacho que parecía tener su misma edad. Mientras que el padre sostenía a su hijo menor de la mano, mirando con orgullo a su hijo mayor.

Siwon, si no se equivocaba, lo miró. Sus ojos se encontraron por un breve instante, imaginó que estaba siendo imprudente al mirar algo que no le correspondía, así que desvió la mirada y continuó caminando.

Cuando avanzó unos pasos más, descubrió que le hubiera gustado que su padre también estuviera ahí, pero justo esta semana andaba por alguna playa exótica llevando a millonarios a sus paradisiacas vacaciones.

Lo bueno de todo eso, es que siempre le llevaba fotos y regalos espectaculares.

A Heechul le encantaría viajar y conocer el mundo de esa forma.

Concentrado en sus pensamientos, no sintió como un niño fornido lo empujaba por error, haciéndolo caer con fuerza en el suelo. Por supuesto Heechul lo miró de mala manera cuando ni siquiera ofreció una disculpa y a cambio lo miró petulante.

—¿Eh? ¿Eres de los nuevos? ¡Ja! ¡Pero si pareces una chica! Con ese cabello todo largo y bonito~

Claramente lo estaba molestando, cuando el muchacho iba a tocar su cabello, Heechul hábilmente golpeó su mano y se levantó. El niño aquel lo miró con rabia, Heechul pensó que parecía un león dispuesto a atacar. Y retrocedió un paso.

¡Demonios! Le había prometido a su madre que se portaría bien.

—¿Cómo te llamas, nuevo? Por que los tipos como tú no me agradan.
—No te interesa como me llamo. Así que déjame en paz.

El muchacho que casi lo sobrepasaba como con una cabeza de alto lo miró mal y torció sus gestos en una mueca espantosa. Estaba a punto de girar y emprender la huída cuando lo había tomado por la maleta y con presteza jaló de él.

—¡Ey! ¿Pero por que huyes?
—¡No huyo! Solo no quiero que se me contagie tu estupidez.

—¡¿Qué dijiste?!

Heechul cerró los ojos instintivamente, cuando vio el brazo de aquel mastodonte levantarse, pero cuando luego de unos segundos el golpe no llegó, abrió los ojos lentamente y lo primero que encontró, fue la espalda de alguien más.

—Según tengo entendido, los alumnos de cursos superiores deben guiar y ayudar a los menores para que se adapten con facilidad. No intimidarlos desde un inicio, a menos eso le dijo personalmente el director a mi padre ayer que cenó en nuestra casa. Tal vez debería ir a preguntarle si escuché mal o no.

Con los ojos más que abiertos, Heechul evidenció el doble sentido de amenaza que las palabras de ese muchacho llevaban, y el mastodonte aquel entonces lo soltó. Mirándolos por encima del hombro, con un bufido desprovisto de elegancia se marchó.

Una vez estuvieron fuera de su vista, Heechul pudo recordar como se respiraba.

—Mira que eres osado, no tienes la fuerza para enfrentarlo y aún así lo desafías.

Cuando levantó la mirada, el muchacho ya había girado hacía él y lo miraba con una sonrisa en el rostro. Heechul frunció el ceño.

—No necesitaba tu ayuda.
—¿Ah, no? Pues no lo parecía.

Lo reconoció, como el muchacho de la familia feliz que había visto hace unos instantes. Su sonrisita de perfección lo hizo exhalar un poco de aire que logró que el mechón en su frente se levantara.

—Como sea… Supongo que te debo un ‘gracias’
—De nada.

Y otra vez esa sonrisita insoportable. Heechul torció un poco sus gestos, ajustó la mochila a su espalda y decidió que era su momento para irse también.

—¡Oye! No me has dicho tú nombre.

El muchacho aquel se levantó un poco, con su brazo en alto y esperando que le respondiera, pero Heechul solo rodó los ojos.

—Eres un completo extraño, no tengo por que decirte mí nombre.
—De acuerdo entonces. Soy Choi Siwon, mucho gusto. ¿Cuál es tú nombre?

La mano de Siwon, estirada hacía él. Lo hizo sonreír.

—No te interesa mi nombre, Choi Siwon.

Y con orgullo giró y caminó por los pasillos del conservatorio, buscando su salón. Olvidando al muchacho que lo siguió con la mirada por un par de segundos hasta que no estuvo al alcance de su mirada.




—Soy Park Yoochun, mucho gusto.
—Kim Heechul, igualmente.

El muchacho frente a él le sonrió. Moviendo un poco su pupitre para que pudieran quedar frente a frente. Heechul no era un asociable, tan solo que sentirse como una ‘damisela en peligro’ había sido tan patético, que la ayuda de Siwon aunque oportuna lo había avergonzado.

Y la vergüenza era algo difícil con lo que lidiar.

Ahora bien, se encontraba en la clase de matemáticas. Resolviendo ejercicios en parejas para medir el nivel en que se encontraban y casualmente le había tocado con ese muchacho de amplia sonrisa, que parecía no tener la menor idea de que se trataban los ejercicios planteados.

Y Heechul estaba en un serio problema, por que él tampoco tenía la menor idea. Las matemáticas sencillamente no eran lo suyo. Luego de que Yoochun expresara que lo único que le importaba era ser un cantante muy famoso, Heechul descubrió que no había pensado en su futuro, tenía apenas doce después de todo.

Pero la conversación se volvió amena cuando ambos acordaron que serían felices con cualquier trabajo que no involucrara a las matemáticas. Sus risas leves para que el profesor no los escuchara llamó la atención de varios, pero nadie dijo algo.

Curiosamente sus ojos viajaron hacía la puerta del salón, ahí donde Siwon estaba sentado junto a una niña que escribía tranquila en su cuaderno, pensó que Siwon no tenía problemas cuando al parecer la niña parecía saber lo que hacía. Pero lo descubrió mirándolo con algo parecido a la duda.

Seguramente le fastidiaba el hecho de que hubiera rechazado su amistad, cuando ahora reía con Yoochun de lo más tranquilo. Y aquello lo hizo regodearse satisfactoriamente, aunque más tarde el profesor los regañara por no hacer ni un solo ejercicio.




—Los ejercicios no son lo mío.

Heechul empezaba a darse cuenta que nada parecía ser algo apetecible para Yoochun, aunque siendo sinceros. A él tampoco le agradaban demasiado los ejercicios, así que mientras el resto de chicos corrían como posesos por la cancha ambos permanecían arrimados contra un árbol, bajo su cándida sombra.

—He decidió que tal vez lo mío no es ni la inteligencia, ni el deporte. Algo de arte estaría bien.
—¿Bailas? ¿Cantas o algo por el estilo?

Yoochun lo miró con expectativa, pero justo en ese momento, él solo llevó una mano a su barbilla, con una lánguida sonrisa en el rostro.

—Pues aún no estoy muy seguro, pero definitivamente ni lo de las buenas calificaciones ni el esfuerzo físico van conmigo. Así que si o si, tiene que ser algo artístico.

La risa que acompañó a sus palabras pareció contagiar a Yoochun quien solo le dio un pequeño golpe en el brazo antes de regresar su mirada al resto de sus compañeros.

—Mira a Choi, parece que es el único que va a aguantar las doce vueltas. No luce ni siquiera cansado.
—Es un tipo de esos perfectos, ¿sabes?

Yoochun entonces regresó su mirada hacía él.

—¿Perfecto? ¿A que te refieres?
—Ya sabes, de esos que van a ser populares por que todo lo hacen bien y destacan en todo. Además de que al parecer ya tiene a un par de niñas baboseando por él.

Justo en ese momento a Yoochun pareció no importarle lo que acababa de decir, solo miró analíticamente al muchacho que parecía haber practicado para correr ese día y suspiró ligeramente.

—Tal vez sería bueno ser popular, sería un buen punto en mi biografía cuando sea famoso.
—¿Quieres poner en tu biografía, si es que llegas a tenerla, que fuiste popular?

—Claro, para que sepan que tengo un carisma innato.

Heechul rodó los ojos, cruzado de brazos aún. Mirando a Siwon correr, con el resto de niños siguiéndole el paso un par de metros más atrás.




—¡Ey, campeón!

Heechul saltó de su escritorio en cuanto escuchó la voz de su padre.

Dejó las tareas de ese día de lado y corrió a darle un fuerte abrazo al hombre parado en el umbral de la puerta de su habitación. Traía en sus manos un gran regalo, pero Heechul lo hizo a un lado, aprovechando esa cercanía por que hace casi un mes que no lo veía.

—¿Dónde has estado? Dijiste que vendrías pasando una semana. Y te ausentaste casi un mes.
—Lo sé, lo sé… Pero es que estaba resolviendo uno asuntos personales.

Se cruzó de brazos, torciendo un por la boca, no muy satisfecho con aquellas palabras como excusa. Pero Hansook velozmente volvió a poner el regalo frente a sus ojos y a él no le quedó más que aceptarlo, mientras suspiraba resignado.

—¿Qué es?
—Un pequeño regalo de una persona que aunque no te conoce, te aprecia demasiado.

Y desde ahí todo comenzó a sonar mal.

—¿Disculpa?
—Si, verás Heechul… Tenemos que hablar, ya lo platiqué con tu madre y como imaginé ella no tiene ningún problema. Es una mujer excelente.

Heechul moría por preguntar: ‘¿Y entonces por qué la dejaste?’ pero sabía que entender aquello estaba más allá de su compresión, sus compañeros de salón que también tenían padres divorciados siempre decían lo mismo. ‘Ellos se separan por cosas que nosotros, según ellos, no entenderíamos. Pero apuesto que nosotros haríamos algo por solucionar aquello.

Cuando su padre lo tomó por el brazo, encaminándolo hacía la cama, nervioso. Heechul no pudo evitar sostener aquel regalo con fuerza.

—En uno de los viajes que realicé hace poco más de un mes, conocí a alguien muy especial, Chul. Y me gustaría que la conocieras por que…— Hasta ahí Heechul no tenía problemas, su padre había encontrado alguien, eso lo podía aceptar. —…Planeamos casarnos.

Sus ojos desprovistos de cualquier gesto afable, se abrieron con supremacía. Dejando el regalo sobre la cama, agitando un poco las manos y con pasos nerviosos pero firmes, Heechul se alejó de su padre.

—¡¿Has perdido la razón?! La conociste hace un mes… ¡¿Y te quieres casar?! ¿No te basta como experiencia un divorcio? Por que no esperas un poco y la conoces mejor. ¡Estás siendo impulsivo!

Y antes los ojos de cualquiera, esa era una imagen por demás extraña. Un hijo regañando a un padre y de cualquier forma Hansook solo suspiró.

—Supongo entonces, que no querrás escuchar el resto.
—¡¿Y es que hay más?!

Él asintió, pero Heechul solo se cruzó de brazos mirándolo desaprobadoramente.

—Ella tiene un hijo, más o menos de tu edad. Pensé que podían congeniar.
—Un momento, este fin de semana la iba a pasar en tu departamento… ¿Ellos están ahí?
—Pensé que sería lindo que se conocieran además…

—¡¿Pero en que cabeza?! ¡Acabas de soltar la idea más arrebatada que te he escuchado jamás! Y, ¡¿pretendes que me lo tome como si nada?!
—Empieza a bajar el tono de voz Heechul.
—¡Entonces deja de decir tantas barrabasadas!

Hansook suspiró, con las manos sobre sus rodillas y resignado a que esa era una de las posibles reacciones en las que había pensado viniendo de Heechul.

—De acuerdo, escucha. Ni siquiera quiero saber de donde sacaste esa palabra. Pero necesito que me entiendas.
—Sé sincero, padre. ¿Te divorciaste de mamá por esa mujer?

El hombre pareció no captar la idea en un principio, pero luego sacudió sus manos vigorosamente.

—Oh, no. No. ¡Por supuesto que no! Yo siempre respeté mucho a tu madre.
—Créeme, si ese hubiera sido el motivo de su divorcio, tendría más sentido que casarte con una mujer a la que conoces desde hace un mes, y que además de todo tiene un hijo.

—Yo también tengo un hijo, y ese no parece ser un problema ni para ella, ni para su pequeño.
—La diferencia es que yo no vivo contigo, tú en cambio vas a cuidar de ese niño, lo vas a criar como no lo harás conmigo.

El entendimiento llegó a Hansook, recio y brutalmente doloroso, mientras se levantaba de su asiento y abrazaba a su hijo, quien solo soltó un suspiro rindiéndose finalmente ante el gesto y correspondiéndole al abrazo.

—Necesito que me entiendas. El amor es así algunas veces.
—Puedo llegar a aceptarlo, pero no me pidas que te entienda.

Paz, fue lo que Heechul sintió por esos ínfimos momentos en que la fragancia de su padre lo absorbió, cuando finalmente se separó, él le sonrió conciliadoramente.

—Supongo que el fin de semana en mi departamento quedará para otra ocasión.

Desde su lugar, Heechul miró de reojo la maleta preparada y con un suspiro apagado asintió.

—Supones bien, padre.
—Si deseas podemos ir solo los dos mañana a…

—No, ve tranquilo. Tengo muchas cosas en que pensar.

Unos minutos después, luego de una charla incómoda su padre se marchó, inseguro de tener que dejarlo. Por que al parecer su noticia no había sido tomada con apego. Heechul miró desde el escritorio el costoso abrigo blanco sobre su cama, regalo de sabrá Dios quien.

Resignado, decidió que por ese día no podría continuar con la tarea.




Heechul observó, desde el césped de la cancha casi vacía, relegado de los demás, el amplio cielo azul que se posaba imponente sobre él. Con el clima perfecto, descubriendo mientras abrazaba a sus propias piernas que era relajante.

Que tenía el momento indicado para pensar, pero en realidad no le placía hacerlo.

Cuando suspiró y su cuerpo sintió el frío de aquella mañana mientras el resto de sus compañeros ya se retiraban para los vestuarios para poder ducharse y volver a cambiarse de ropa. Heechul pensó que sería bueno haber traído el abrigo.

El peso extra que recibieron los hombros, un abrigo que lo calentó casi de inmediato lo hizo pensar que se trataba de Yoochun, pero cuando sus ojos se levantaron, Siwon estaba ahí mirando hacía las gradas, como si mirarlo fuera innecesario.

—Vas a resfriarte.

Y así de extraño, así de incomprensible, sin mirarlo una sola vez Siwon sencillamente se marchó, dejó el rastro de su presencia en la mirada confundida de Heechul, quien tampoco hizo algo por quitarse el abrigo. Y solo suspiró.

No recordando exactamente por que alejaba al muchacho aquel.




Fue un día jueves.

Heechul caminó entre todos los estudiantes que se encontraban a la hora del receso en la cafetería, observó la mesa donde Choi era rodeado por un montón de chicas que lo miraban pero no hablaban.

Apretó con relativa fuerza el abrigo en sus manos. Respirando hondamente, con la clara idea que de pronto alejar a Siwon le parecía algo tan estúpido, quizá por el hecho de que tenía cosas más importantes en las que preocuparse, que en el hecho de que sentirse débil frente a alguien.

—Muchas gracias…

Con su llegada, Siwon por primera vez levantó la mirada, sorprendido y prestando atención a alguien por primera vez. Él dejó el abrigo sobre la mesa con cuidado y Siwon pareció solamente asentir, todavía estupefacto por lo poco arisco que estaba siendo en esos instantes.

—Mi nombre es Kim Heechul, nos vemos.

Giró sin ver las expresiones que Siwon estaría poniendo mientras miraba el abrigo, y tal vez era muy tarde, para decir su nombre. Quizá Siwon ya lo sabía, pero sentía el deber moral de contárselo.

La empatía por Siwon lo hizo llegar hasta él, por aquel posible hermanastro que seguramente lo había querido conocer el fin de semana pasado. Heechul aún no se veía capaz de afrontar esa abrupta realidad.

Pero si se veía capaz de hacer algo por alguien más.




—Has estado actuando extraño.

Yoochun hizo un pequeño puchero y Heechul sonrió.

—Es solo que a veces pienso que estoy siendo muy estúpido, pero no puedo evitar sentirme… Mal.
—Tienes casi trece, supongo que ser estúpido a nuestra edad es normal y debe ser perdonado.

La racionalización por parte de su amigo lo hizo sonreír un poco más. Jugó con el lápiz en sus manos y asintió. Lo inexplicable ocurrió ese día, estaban en la cafetería, un día después del evento del abrigo.

De repente Siwon apareció de la nada, con una pequeña sonrisa en los labios y una charola en las manos, frente a los dos.

—¿Me puedo sentar?

Los ojos de Yoochun parecieron no encontrar problema alguno, asintió y Heechul en ese momento sintió que algo grande estaba sucediendo cuando Siwon lo miró a los ojos y le sonrió en exclusiva, movió la suya y se sentó frente a él.

Como si se tratara de un caballero, Siwon comía tranquilamente, moviendo las manos adecuadamente, siendo tan perfectamente como las chicas del salón decían. Yoochun se había apoyado sobre su propia mano y observaba a Choi, girando su cabeza a ratos.

—¿Cómo le haces?
—¿Hacer que?
—Llamar la atención de todos.

Siwon sonrió, mirando la comida en su bandeja y con un suspiro casi imperceptible saliendo de sus labios.

—Es molesto a veces… Pero no lo hago intencionalmente.
—Es la imagen de chico inalcanzable, ¿verdad?

Sinceramente, Siwon no sabía muy bien a lo que se refería Park, pero asintió, por que más o menos tenía una idea. Heechul había empezado a comer, distraído de la conversación que llevaban, y fue su aura nostálgica lo que provoco que su atención se posara en aquel muchacho de cabellos cortos en aquel entonces.




—¡Odio las fracciones!

Heechul se apoyó en la silla y lanzó el lápiz muy lejos de él. Yoochun asintió asiduamente, con un puchero en los labios y recostándose sobre la mesa. Siwon entonces ingresó, con dos charolas en las manos, una de bocadillos y otra con bebidas.

Más por instinto que por atención, Heechul se levantó y lo ayudó con una de las ventajas, recibiendo una sonrisa en agradecimiento.

—Solo deben concentrarse en lo que hacen.
—Siguen siendo difíciles.
—Veamos que es lo que se les hace tan difíciles.

Heechul mordió una de las galletas en el momento en que Yoochun le estiró el cuaderno a Siwon, enseñándole uno de esos ejercicios inalcanzables. Siwon arrugo un poco el entrecejo, pensó unos segundos y pronto su mano estuvo con aquel lápiz en las manos, escribiendo lentamente mientras sus labios se movían explicando lo que hacía y por que lo hacía.

A Kim le gustaba el aire que expedía esa casa, tan confortante y cálido. Escuchaba al pequeño Minho en el piso superior jugar con un carro de bomberos, el aroma delicioso de la comida que preparaba la madre de Siwon, y siendo fin de semana el padre leía el periódico en el jardín con un vaso con jugo de naranja a un lado.

¿Podía llamarse envidia lo que sentía en esos momentos?

No, era añoranza. De esos días que él alguna vez tuvo y que no volverían, quizá era esa etapa nostálgica por la que todo pre adolescente pasa, la etapa en que empieza a definirse el carácter. Heechul extrañaba y a pesar de su sonrisa de vez en cuando, no podía evitar cerrar los ojos y pensar que su familia seguía siendo igual que años atrás.

Era tan pequeño todavía, y a veces todo a su alrededor dolía.

Su presente dolía, y entonces Heechul tomó la determinación de que su futuro sería mejor. Haría todo lo posible por que fuera así.




—Maldita tu mala costumbre de no colocarte bien el uniforme.

Siwon arrugó un poco el entrecejo.

Viendo la camisa de Heechul abierta en los dos primeros botones. Con quince años, Heechul solo sonrió un poco, soltando un poco de aire, logrando que los mechones de su cabello se alzaran un poco.

—Déjame, Siwon. Es mi estilo de este año. Ya estoy en tercero.
—¿Y?

Cuando Heechul estaba a punto de responder, Yoochun llegaba junto a ellos, con los dos primeros botones de su camisa abierta también. Siwon solo rodó los ojos y Heechul rió.

—¿Ves? Es el estilo de este año.

De repente Heechul había olvidado muchas cosas a su alrededor, como que su padre se había casado, y él no había asistido a la boda, como que hace un año y más su padre se mudó a Japón y él solo fue a despedirlo, a riesgo de que ya no podría verlo cada semana como antes.

Pero Heechul entendió, era algo que se le escaba de las manos, a ambos.

Y entonces su mundo tomó un rumbo diferente. Se preocupó por su madre, por lo bella que lucía últimamente, por sus amigos, por ser popular. Se preocupó por las cosas vanas por las que cualquier adolescente se preocupa. Y en esos días fue feliz.




Empezaba a detectar cierto nerviosismo en las manos de su madre.

En la forma en que lo veía, en su sonrisa algo temblorosa, y en las respiraciones profundas que tenía cada cierto tiempo. Heechul sonrió amable, tomó las manos de su madre y suspiró.

—Mamá por favor, di lo que me tengas que decir. Siwon viene a recogerme en unos minutos, quedamos de vernos con Yoochun en la fiesta de Hankyun. ¡Es un muchacho de sexto y nos invitó a su fiesta! Eso definitivamente nos va a posicionar en el conservatorio y…

—¡Estoy saliendo con alguien!

Las palabras soñadoras de Heechul fueron acortadas por ese repentino grito, su madre apretaba los puños sobre sus rodillas y tenía la mirada en el suelo. Heechul pensó inmediatamente que no volvería a cometer el mismo error dos veces.

—Oh, ¿en serio? Que… Bien, por ti.
—Sé por todo lo que pasaste cuando tu padre te dijo lo mismo, pero…

—Corrección, padre vino a comunicarme que se casaba con una mujer que había conocido hace unos meses. Tú al menos estás tomando las cosas con calma… ¿Verdad?
—Claro que si, hijo.

Heechul suspiró aliviado, rascando un poco su cabeza y acariciando el rostro suave de su madre.

—Si crees que él es lo suficientemente bueno para ti, yo no tengo demasiado que opinar, ¿de acuerdo? Solo asegúrate que no sea un imbécil.
—Por supuesto, amor.

Con la confianza entregada, Heechul se permitió sonreír un poco más. El sonido de un auto estacionándose alertó los sentidos de Heechul, besó la frente de su madre y salió. Viendo a Siwon fuera del auto, esperando por él.

Agitó su mano en señal de despedida, su madre le sonrió. Y en ese entonces creyó que todo estaría bien.




—Impresionante… Luces más apuesto que el novio.

Siwon rió ante las palabras de Heechul. Y negó suavemente.

—Cuidado, que si tu madre te escucha querrá casarse conmigo.
—Jamás, tú eres solo mío.

El cuerpo entero de Siwon se estremeció ante las palabras que Heechul había soltado tan a la ligera, lo observó beber un poco de champagne, y con el corazón todavía un poco agitado, respiró profundo y miró a la pareja de novios que bailaba en el centro de la pista.

—¿Qué hace Yoochun? Todo el día se la pasa pegado al celular.
—Creo que está saliendo con alguien…

—¿En serio?

Siwon asintió, Heechul sonrió y continuó mirando la hermosa sonrisa de su madre, vestida con un discreto color crema, viendo embelesada a los ojos de aquel hombre que ahora se había convertido en su esposo.

Heechul apenas y había hablado con él, particularmente no encontraban un tema con el que conversar por más de diez minutos y los dos en un solo lugar, volvía todo muy incómodo. Por eso Heechul había optado por las sonrisas amables, y asentir cada que los tres compartían mesa.

Un trato cordial, es lo mínimo que su madre pedía, y ellos se lo otorgaban.

Ya no era un niño, para ilusionarse con la llegada de aquel sujeto y que remplazara la imagen paterna que le había hecho falta. No era un niño de falsas esperanzas; Para compañía, apoyo y bienestar estaban a sus amigos y su madre. No necesitaba a nadie más.

Había aprendido a ser fuerte, gracias a su padre.

El primer vals concluyó, su madre giró hacía él, con los ojos un poco empañados, no cabiendo en la emoción, estiró un poco su mano y Heechul le entregó la copa en sus manos a Siwon, caminando con elegancia a tomar la mano de su madre y bailar un poco antes de que ella se marchara por una semana a su luna de miel.




Creí que habías dicho que ya te sabías la coreografía.
—Si, bueno… Prefiero cantar, el baile es muy complicado.

Escuchó la risa de Siwon al otro lado de la línea, e inocentemente dibujó una sonrisa en sus labios. Le gustaba escuchar la risa de Siwon. Subió sus piernas al mueble y continuó con el teléfono en las manos.

Por cierto, confirmado. Yoochun está saliendo con alguien. Ayer lo vi con un muchacho en el centro comercial, y Yoochun tomó su mano por unos segundos.
¿Yoochun tomó a alguien de la mano? ¡Un momento! ¿Tú estabas en el centro comercial sin mí?

Siwon volvió a reír.

Si, estaba con Minho. Necesitaba unas pinturas para su clase de dibujo, así que como todavía no le dan tarjetas, me tocó acompañarlo.
—Me pregunto como es que no nos ha dicho nada, ¿por qué lo ocultaría?

Solo sé que no es quien suponíamos, no es Junho, el muchacho al que salvó hace unos días, ¿recuerdas?
No, que raro.
Pero se le parece mucho, eso si.

Heechul movió un poco su cabeza y cuando sintió unos leves golpes en su hombro, levantó la mirada y vio a Eunsuk frente a él, con el entrecejo arrugado y mirándolo de mala forma.

—¿Cuánto tiempo más piensas estar al teléfono, no ves que necesito hablar con uno de los distribuidores?

Un suspiro salió de los labios de Kim, al notar el tono áspero y molesto por parte del mayor. El respeto y amabilidad convenidos, habían sido repentino modificados por simple y llano fastidio.

—Te hablo luego, Siwon.

No le dio tiempo a su amigo de responderle, por que cortó la llamada y le entregó el teléfono a aquel hombre, ignorando la mala mirada que le envió, y subiendo las escaleras hacía su habitación.

No pensaba bajar hasta que su madre llegara.




—Ese tipo es un imbécil, ¿Por qué de pronto actúa como si te odiara?
—Tú lo acabas de decir, Siwon. Es un imbécil.

Heechul cerró el casillero, con el entrecejo un poco arrugado, y mirando indefinidamente hacía el gris de aquella pequeña puerta. Hastiado por todo lo que le tocaba soportar ahora.

—Se fastidia hasta por que respiro, no sé que le pasa.
—Siempre me dio mala espina, y te lo dije cuando lo vi por primera vez en tú casa.

Asintió ante las palabras de su amigo, Yoochun apoyó la cabeza en el hombro de Heechul y suspiró.

—Lo siento, Chul. No sabía que te llevabas tan mal con tu padrastro, creo que me he alejado un poco de ustedes en estos días.
—Tranquilo, supongo que salir con alguien te roba mucho tiempo.

Los ojos de Yoochun se abrieron abruptamente.

—¿Cómo lo…?
—¿Cómo lo supimos?
—Eres demasiado evidente.

Heechul y Siwon se marcharon juntos, Yoochun reaccionó unos segundos después, juntándose con sus amigos, invadiéndolos con preguntas de cómo lo supieron en realidad. Heechul sonrió, con la paz de estar en un lugar donde no recibía miradas de inexplicable odio.




El primer golpe ocurrió una noche de invierno.

Heechul no hallaba mejor momento para hacer deberes, que con una taza con chocolate caliente y buena música. Sabiendo lo mucho que le fastidiaba a aquel sujeto el ruido, se colocó los audífonos, con la música a todo volumen.

Tarareó la canción tranquilo, escribiendo en la computadora la redacción que le habían pedido. Bebiendo a ratos el chocolate que se había preparado. Triste por que a su madre le tocaría trabajar hasta tarde.

—¡¡Mocoso del demonio te he estado llamando desde hace horas!!

Eunsuk arrancó violentamente los audífonos de sus oídos. Heechul inmediatamente se levantó de su lugar, sorprendido. Pero empezando a arrugar el entrecejo cuando vio al esposo de su madre en SU habitación.

—¿Qué quieres?
—¿Sabes a que hora va a llegar tu madre?
—Casi en la madrugada, así que no me fastidies.

Estaba dispuesto a regresar a la computadora, cuando ese sujeto lo tomó por la camisa y lo volvió a levantar.

—¿Qué es esa falta de respeto a tus mayores, eh?
—¡Suéltame!

El teléfono sonó y Heechul se soltó bruscamente de aquel agarre, empezando a sentir que eso estaba dejando de ser simple odio injustificado.

—¿Diga?
Hijo, que bueno que puedo hablar contigo.
—¿Padre? Hola, ¿cómo estás?

Su sonrisa borró todo rastro de enojo, no escuchaba la voz de su padre en meses, tomó con fuerza el teléfono y la risa de su padre esparció una calidez indescriptible en su pecho.

Muy bien y espero que tú igual. Hey, ¿ya estás en vacaciones? Por que tengo un pequeño pasaje en primera clase para una persona muy especial. ¿Qué dices, te gustaría conocer Japón?

—¿Japón? ¿En serio?

Sus ojos brillaron por un instante, hace mucho que no lo veía. Hace tanto que lo extrañaba, estuvo a punto de aceptar con emoción, cuando el pitido molesto del teléfono al sonar desconectado lo desconcertó.

—Tú y yo teníamos una conversación, mocoso.
—¡¿Qué diablos sucede contigo imbécil?! ¡Era mi padre!

Soltó el teléfono molesto, y en un ataque de impulsividad empujó a Eunsuk, quien de inmediato frunció el ceño.

—¿Cómo te atreves a irrespetar a tus mayores?
—¡El respeto se lo gana, no se lo exige!

Fue justo en ese momento. La mano de Eunsuk se levantó con fuerza y se estrelló violentamente en la mejilla de un desprevenido Heechul que sintió su rostro girar con fuerza, con el golpe de aquella mano quemando en su piel.

Sus ojos se abrieron vertiginosos de un odio considerable, su mano temblorosa viajó hasta el lugar donde esa mano había estado y palpó con horror que en verdad ese hombre se había atrevido a tocarlo.

—¡¿Cómo te has atrevido, imbécil?!

Fue un empujón, uno tras otro en el cual Heechul sentía que en verdad no estaban causando efecto, por que su mejilla dolía. Y sentía que no importaba cuanto lo golpeara. Eunsuk jamás sentiría la misma indignación que él.

Esa noche Heechul subió a su habitación, se encerró en ella y ni siquiera esperó por su madre. Asustado con lo que acababa de pasar, y asustado sobre todo, por que seguramente mañana Siwon notaría ese golpe.




—¡Eres un inútil! Mira lo que has hecho en la cocina.
—¡¿Te puedes callar?! No estoy cocinando para ti, ¡así que cierra tu enorme boca!

El mundo de Heechul se había repleto de gritos, de momentos de horror en los que llegar a casa era lo que menos quería. En los que Eunsuk se proponía hacerle la vida miserable, y su madre no le creía.

—¿Para quién cocinas? ¿Para tu noviecito con el que hablas por teléfono todos los días?

Heechul no aguantó el tono de burla, y tomó el vaso con agua que había sobre el mesón lanzándolo sobre aquel hombro que inmediatamente puso una mueca de desprecio.

—Lo que haga o deje de hacer con mi vida, no es asunto tuyo. ¡Así que lárgate!
—¡Lo es si gastas la comida que pago con mi sueldo haciendo comida para ti y tus estúpidos amigos!

—¡Mi madre también trabajo, no solo tú!
—¡Tú madre no gana ni la mitad de lo que yo gano!

Eunsuk lo agarró violentamente por el brazo, el corazón de Heechul, traicionero latió desbocadamente producto del miedo. Intentó no demostrarlo, colocando una sonrisa despreocupada.

—Claro, eso te hace más hombre. Eso, y pegarle a un menor de edad.
—¡Maldito mocoso del demonio!

Vio la mano de aquel hombre levantarse, fue más como impulso, pero cerró los ojos y automáticamente escuchó algo caer al suelo y antes de que el puño llegara la voz de Siwon lo llenó de vergüenza al sentirse descubierto.

—¡¿Qué diablos está a punto de hacer?!

Los ojos enojados de Siwon, como nunca antes los había contemplado fue lo primero que vio, lo que había caído era la maleta de Siwon. Eunsuk lo miró con desprecio y se alejó de él.

Justo a su lado, Yoochun igual de molesto y serio lo sostenía por el brazo, empujándolo lejos del alcance de alguno. Heechul sintió ganas de llorar. No quería que sus amigos vieran aquella faceta de su vida. De ninguna forma.

—Par de niños hijitos de papi.

Refunfuñando, Eunsuk se marchó, Heechul miró el piso aterrorizado de tener que rendir explicaciones. No queriendo verse débil. Los brazos de Yoochun lo encerraron, lo apretaron contra su cuerpo y le brindaron calor.

—¿Por qué no nos dijiste lo que estaba pasando?

La voz de Siwon cargada de reproche e ira contenida, lo hizo hundir el rostro en el pecho de Yoochun. Siwon entendió, cuando vio la mirada de Yoochun, pidiéndole que se calmara, que debía respirar profundo antes de intentar hablar con él.

Fue unos segundos después cuando Siwon abrazó a Heechul, pidiéndole disculpas por no haber estado ahí con él, por no haberse dado cuenta de lo que sucedía. Pidiéndole que le dejara ayudarlo.

Heechul se negó, abduciendo que podría manejarlo.

Pero se equivocó.




Había encontrado en las fiestas, en el licor, en su maravillosa popularidad. En tener a todo el mundo a sus pies, la paz perfecta. Lejos de los problemas, lejos de aquel sujeto. En un mundo donde lo admiraban y respetaban.

Un mundo que lo consumía de a poco, que lo arrastraba y fue aquella noche cuando Yoochun llegó llorando a su casa, que sin mirar atrás, salió con su amigo de ahí. A aquel bar discreto que solían utilizar para sus fiestas.

—¿Sucedió algo con Junsu?
—El amor… Es un asco, es patético. Enamorarse, es patético.

Yoochun había sostenido el vaso con licor en sus manos. Mirando el contenido con desprecio, como si pudiera ver en su reflejo la cara de Junsu. Heechul no quiso preguntar demasiado.

—Por eso no me gusta el amor.
—¿Por eso ahora andas con cualquiera que se te pase por enfrente?

Heechul rió divertido, bebiendo el whisky en sus manos.

—El sexo mi querido Yoochun, es la mejor droga. Justo en esos momentos no me puedo acordar de lo patético que soy.
—¿Funciona de verdad?

—Como la droga, funciona solo por un lapso de tiempo. Luego vuelves a tu realidad. No hay droga que sea eterna y te dope lo suficiente como para vivir en un mundo de mentiras todo el tiempo.

Yoochun asintió, notando en la frialdad de esas palabras que algo de razón sentía.

—¿Por qué me hizo esto? ¿Acaso no notó lo mucho que lo quería?

Cuando vio a su mejor amigo agachar la cabeza, apretando sus ojos con fuerza, con un par de lágrimas escapándosele, Heechul no pudo evitar posar su mano sobre la de él.

—No dejes que te destruya, Yoochun. No dejes que ese sentimiento te consuma.
—¡¿Si no lo odio entonces como lo voy a olvidar?!

—¡No tengo una maldita idea! ¡Mi vida es un asco! Pero por lo menos intentó hallar la manera de no lucir tan destruido. Tienes que hallarla tú también. Junsu no vale la pena, nadie lo vale. Nadie merece que te destruyas por alguien.

Fue la intensidad en las palabras de su amigo, sus ojos repletos de adrenalina, o el licor en su sangre. Yoochun hasta la fecha no está seguro de cual fue ese imán que lo hizo acercarse a los labios de Heechul y besarlo.

Como un contacto suave y de descubrimiento con sabor a licor. En el que luego de unos segundos se separaron, se miraron a los ojos y rieron. Casi a carcajadas.

—Oh, por Dios. Yoochun, no vuelvas a hacer eso, fue tan… ¡Bizarro!
—¡Si, por favor! La próxima vez golpéame.

—Ni muertos hablaremos de esto.
—Ni muertos.

Cuando chocaron sus vasos soltaron una pequeña sonrisa que se les escapó. Aquella noche Heechul llegó tarde a su casa, medio ebrio. Recibiendo los gritos de Eunsuk, los pedidos de su madre por que no se comportara de aquella forma.

Pero Heechul no les hizo caso, solo entró a su habitación y durmió. Esperando que Yoochun hubiera llegado bien a su casa. Y con aquella pregunta de Yoochun rondando en su cabeza.

¿Tú… Sabes que Siwon está enamorado de ti casi desde que te conoció, verdad?

No, en realidad no lo sabía. Hasta ese momento en que Yoochun lo mencionó.




Desde aquel entonces su vida no había tenido paz.

No fue hasta que cumplió los dieciocho años, cuando se marchó de aquel infierno de la mano de Siwon, que al fin pudo dormir tranquilo, que empezó a levantarse con un delicioso desayuno en la mesa.

Que la hora de la comida no fue un tormento, que no había gritos, que recibía buenos comentarios y buenas miradas. En que Minho lo molestaba por alguna tontería, todos los miembros de la familia Choi brindándole apoyo, ahora que su madre había preferido a aquel sujeto por encima de él.

Pero Siwon no era más su Siwon, ya no era su amigo, ya no estaba solo para él. Y aunque intentaba convencerse día con día que Changmin era cien veces mejor para Siwon. El egoísta sentimiento que reposaba en su interior le hacía pensar a veces que todo estaría bien si extendiera su mano una vez más hacía Siwon.

Por eso, esa noche, que se despertó en la madrugada, esa noche en el hospital cuando apretaba la mano de su madre, en aquella habitación silenciosa y blanca. Que descubrió, que por mucho que lo intentara no podría alejarse jamás de Siwon.

Por que él estaba ahí, dormido en uno de los sillones de la habitación. Un poco encogido ante la incomodidad. Soltó suavemente a su madre, mirando su rostro golpeado, y suspiró.

Tomó una pequeña manta y la tendió sobre el cuerpo de Siwon. Arregló un par de sus cabellos, no sabiendo muy bien como es que sus padres le habían permitido quedarse junto a él.

—Eres de otro mundo, Siwon…

Aprovechó que Choi dormía y besó sus labios con suavidad. Hace mucho que no lo hacía, solían besarse cuando estaban borrachos y Heechul no podía reprimir sus instintos y mandaba al diablo su amistad. Su moral que le gritaba que él solo le daría problemas a su mejor amigo.

Hoy lo besó, por que descubrió que lo amaba. Hoy lo besó, sin licor de por medio. Por que Siwon representaba la paz que le faltaba, que lo complementaba. Siwon lo había salvado tantas veces, que ahora merecía ser feliz de la mano de Changmin.

Y no importaba lo que él pensara o sintiera.




Heechul lloraba por las noches.

Tan amargamente, tan calladamente, para que su madre no lo escuchara.

Era inevitable.

Apenas le habían dado de alta, empezaba a recuperar su vida, con aquel hombre lejos de ellos. Pero la vida de su madre se consumía de a poco. Sin embargo un día comprendió que debía ser fuerte una vez más.

Y no le costó levantarse una mañana y empezar a preparar el desayuno. Hacer la vida de su madre más hermosa cada mañana. Llenarla de halagos, pedirle que olvidara el pasado. Y vivieran lo que les quedaba juntos.

—¿Estás seguro de que a la familia Choi no les molesta que yo vaya? Seguramente te invitaron a ti y yo solo voy a incomodar.
—Madre, te invitaron a ti también. Para que cambies de ambiente.

Ella asintió, con una linda sonrisa que complació a Heechul mientras empezaban a salir y Siwon los esperaba para poder ayudarlos con las maletas.

—No olvides la comida de los gatitos de tu amigo, hijo.
—Si, mamá. Tú ve a hablar con los padres de Siwon.
—Buen día.

Minho saludó educadamente a la mujer y ella asintió, entregándole la maleta al menor quien le sonrió tranquilamente. Heechul tomó de la mano a Siwon y lo llevó hasta la cocina, con el paso un poco lento a decir verdad.

—¿Ya no estás molesto por que terminé con Changmin?
—No, en realidad quería hablar más o menos de eso.

Siwon arrugó un poco el entrecejo. Notando como Heechul entrelazaba sus dedos y levantaba sus manos unidas hasta la altura de pecho, mirándolo fijamente a los ojos. Respirando profundo.

—Lo lamento, lamento todo lo que te hecho vivir estos años yo…
—Heechul ya te he dicho que yo no te ayudó por que debo, sino por que quiero. No eres ningún problema para mí.

—No me refería a eso, me refería a no haber correspondido tus sentimientos a pesar de que yo sentía lo mismo que tú.

Siwon abrió sus ojos sorprendido, Heechul entonces apretó un poco más su mano.

—Dios… Decir esto es más difícil de lo que pensaba…

Heechul suspiró un poco contrariado y Siwon sonrió, decidiendo dar el primer paso, apretando sus manos por primera vez.

—Te amo.

Miró los ojos de Siwon, igual de resplandecientes que siempre, con esa maldita sonrisa que a Heechul lograba arrancarle sonrisas y alborotar su corazón.

—… Yo… También de amo.

Como si fuera lo único que estaba esperando, Siwon se acercó, directo a sus labios. Concentrado en lo maravilloso que había sido ver a Heechul cerrar sus ojos, esperándolo, con aquella sonrisa en sus labios.

Y su beso fue un contacto comprometido, un beso diferente a los otros que hasta ahora habían tenido, como si este marcara una diferencia. Como si encontraran la paz que tanto habían buscado. Como si finalmente estuvieran viviendo esa paz que el destino les debía y que tanto había demorado en llegar.

—Oigan, ¿qué están esperando que no vienen? Las vacaciones no son eternas, ¿saben?— La voz de Minho por el pasillo los separó, con una sonrisa bailando en sus labios, pero sin separarse aún. –Oh~

Minho permaneció arrimado en la entrada de la cocina, cuando los descubrió con las frentes juntas y mirándose a los ojos. Se cruzó de brazos y sonrió.

—No tenemos todo el día, ya hasta subí a los gatos. Y yo no los voy a cuidar por que ustedes anden en sus arrumacos.

Finalmente Heechul rió, alejándose un poco de Siwon y jalándolo de la mano para que empezaran a caminar. Minho lo sabía desde que los vio juntos, sería a él a quien le tocaría cuidar de aquellos animales que su hyung les había encargado en tanto volvían de París.

Pero por alguna razón no le molestó, por que sentía que Siwon y Heechul merecían estas vacaciones. Por que por más confuso que sonara, los ojos de Siwon jamás miraron de esa forma a Changmin, y eso le aliviaba un poco más el alma.

Pronto terminaría el año, su historia con Changmin solo tendría un año más para existir, y esperaba que para ese entonces, Changmin se hubiera desecho de sus fantasmas.




—¿Y está seguro de eso?

—Justo un par de días antes de salir de viaje, Yoochun habló con Jaejoong. Y le creyó, decidió creerle e incluso accedió a intervenir con Yunho por él.
—¿Jaejoong le pidió a Yoochun que intercediera por él con SU hermano?

Siwon movió un poco la cabeza y se quitó las gafas, en tanto la gente en el aeropuerto se movía de un lado a otro. La semana de vacaciones estaba a punto de acabarse y tanto Yunho como Yoochun llegarían en cualquier instante.

—No exactamente, pero Yoochun notó que Jaejoong ya no lo amaba ni veneraba como antes, y fue fácil para él notar que Jaejoong estaba más afectado por lo de Yunho, que por lo suyo.

—Fue un buen samaritano, ¿eso es lo que me tratas de decir?
—Tanto así como tú.

Heechul colocó una mueca en su rostro. Y se pegó al brazo de Siwon, con un pequeño bostezo de sus labios.

—¿Y por qué decidió cantar con Jaejoong para la competencia? ¿Tiene idea de lo importante que es eso?
—La tiene, pero confía en Jaejoong. Dice que su voz es perfecta. Solo tiene que enseñarle un par de cosas y Jaejoong cantará como los dioses.

Heechul respiró profundo, no muy convencido. Pero cuando se trataba del canto Yoochun nunca se equivocaba. Unos minutos después Yunho y Yoochun aparecieron por entre el pasillo con un par de maletas.

Corrió a abrazar a Yoochun con fuerza, y entre la efusividad, no le importó la poca confianza que tenía con Jung y lo abrazó también, quien en un momento se tensó pero luego correspondió al abrazo.

—Te has cortado el cabello.

Siwon resaltó evidente, antes de abrazar a su amigo y posteriormente abrazar a Yunho quien solo sonrió.

—Cortesía de Jung Yunho, el muy idiota no habla bien francés.
—Hice lo posible, además juraría que le dije corte solo la puntas. No te quejes te queda bien el corte.

—A mi todo me queda bien.

Yoochun levantó la mirada, con una mueca en el rostro y Yunho solo rodó los ojos notando como Heechul reía, y tomaba la mano de Siwon. Los ojos de Yoochun viajaron directamente a aquellas manos, levantando una ceja y doblando un poco el cuello.

—¿Y eso?

Siwon sonrió ampliamente.

—Estamos saliendo, oficialmente.

Yoochun entonces amplió su sonrisa. –Ya era hora.— Sacudió los cabellos de Heechul y palmeó la espalda de Siwon. Quien susurró unas ligeras palabras que hicieron a Yoochun sonreír orgulloso.

—Y a mi me alegra verte sonreír otra vez.
—Lo sé. A mi también.

Cuando escucharon a Jaejoong agitando su mano, corriendo hacía ellos. Llamando su atención. Yoochun sonrió, asintió ante la llegada de Kim y él hizo lo mismo, con las manos en sus rodillas visiblemente cansado por la corrida.

—Lo siento… Llegué tarde…

Yunho recibió a los ojos de Jaejoong, sorprendido un poco y cuando él se enderezo. Con un leve asentimiento Yunho se puso tenso otra vez. No esperaba verlo ahí, de pronto la gente a su alrededor comenzó a ir más lento. Como si el mundo se detuviera en ese instante.

—Nosotros, vamos a ir embarcando las cosas en el auto de Siwon. Los esperamos en el parqueadero.

Yoochun no dijo nada más, solo tomó las maletas de Yunho y junto a sus amigos se alejó. Jaejoong dio un paso hacia él, y Yunho sonrió un poco.

—¿Recuerdas que la última vez que nos vimos?
—Dijiste que tenías muchas en que pensar en estas vacaciones.

—Jaejoong… Tú y yo al parecer no sabemos como estar juntos, pero parece que tampoco sabemos como estar separados.

Yunho rió ante sus palabras, discretamente. Rascando un poco su nuca.

—¿Entonces?
—¿Y si primero me das tu mano?

Jaejoong lo miró extrañado, pero lentamente levantó su mano. Hasta que sus dedos tocaron la piel de Yunho y sus dedos se entrelazaron.

—Yoochun me dio un buen consejo. Ni tú, ni yo. Ni nadie. Sabe como amar, todos aman de manera diferente. Así que aprendamos a fusionar estos sentimientos lentamente, hasta que se vuelvan uno solo y este amor sea solo de nosotros. Único y eterno.

Con su mano siendo apresada por la de Yunho, con la corriente que recorrió su cuerpo entero hasta su pecho. Jaejoong asintió. Acercándose un paso más a Yunho, y estirando su mano para tocar su rostro, cerrar los ojos y besar su frente. Tal cual lo hubiera hecho Yunho una semana atrás.

—Bienvenido a casa, Yunho.

Y la sonrisa que iluminó el rostro de Jung, hizo las esperanzas de Jaejoong borbotar una vez más. Tomado de su mano, avanzó junto a él hasta el parqueadero, donde los demás esperaban por ellos dos.




—La final de soccer será el miércoles, una semana y media después la competencia de canto. Y ese será el final de nuestro año escolar. Aunque los de primero a quinto continúan dos semanas más.

Siwon sirvió un par de limonadas para Heechul, Yunho, Jaejoong y Yoochun. Quienes miraban con atención las fechas que Heechul marcaba en el calendario.

—Pero los recolectores de becas vendrán la semana siguiente a la competencia de canto.
—Exacto, por eso es que en esa semana es cuando los de sexto vamos a revisar nuestras notas finales y a ver el calendario de actividades con respecto a la graduación.

Jaejoong asintió, bebiendo un poco del jugo. Mirando como Yunho se entretenía saludando a los gatitos. Cual padre, uno por uno.

—Han crecido mucho, ¿ya has pensado a quien vas a regalárselos?
—Más o menos, pero Lion es mío.

—¡Hey, concéntrense!

Tanto Yunho como Jaejoong, brincaron un poco desde sus lugares. Prestando atención a Heechul una vez más.

—Tiene que ser para la final de soccer.

Yoochun habló serio, moviendo un poco sus labios y mirando atento el calendario que Heechul tenía dispuesto sobre la mesa.

—Estamos todos de acuerdo, que esto no es una venganza, ¿verdad? Esto es por que Junsu lo necesita para abrir los ojos de una buena vez por todas.

La voz de Yunho resonó en el lugar, todos asintieron con un poco de pesar y cuando el timbre en la casa de Siwon resonó. Jaejoong se irguió y mordió su labio inferior en tanto Minho bajaba las escaleras.

—¡Oigan! ¿Hay cinco personas aquí y nadie es capaz de mover el trasero para abrir la puerta?
—Minho, modera tu vocabulario. Y ve a abrir, que atrás de esa puerta esta la solución para que puedas estar con Changmin de una buena vez por todas.

Minho se sonrojó, desviando la mirada ante la sonrisa compartida de los demás.

—Eres un imbécil, Siwon.
—¿Qué? Changmin lo que necesita es paz, ¿verdad? Pues, afuera está él único que puede poner a Junsu en su lugar.

Heechul jugó con el lápiz en sus manos y miró a Yoochun, bebiendo un poco de limonada, mientras Minho se dirigía hacía la puerta.

—¿Lo conseguiste?
—Yo no, fue Jaejoong. Será que estaba fuera del país.
—¿A quien consiguió Jaejoong?

Yunho miró confuso la situación que se desarrollaba a su alrededor. Jaejoong se levantó en tanto miraban a Minho acercarse a ellos junto a un muchacho rubio.

—Fue complicado por que ahora vive en Estados Unidos, pero casualmente estaba en camino a Corea por la competencia de canto, como te lo comenté Yoochun. Y a pesar de que me costó muchas llamadas al exterior por las cuales de seguro mi madre me va a asesinar, aquí está.

Jaejoong estiró su mano al muchacho para que se sentara a su lado y Minho arrugó el entrecejo no entendiendo muy bien de que forma aquel muchacho ayudaría a Changmin o a él. O como fuera.

—Yunho, Minho. Él es James Adams. Parte del pasado escabroso de Kim Junsu.

Yunho inmediatamente miró a Yoochun y su hermano asintió, cruzado de brazos. A pesar del tiempo que había transcurrido, no muy cómodo ante la presencia del rubio. Minho se sintió más confundido aún.

—Créanme no estoy entendiendo nada, ¿que tiene que ver Junsu con lo que Changmin tiene que resolver?
—¿Changmin nunca te mencionó que quiere salvar a Junsu de si mismo?

Minho asintió, Heechul suspiró y miró al menor.

—Bueno, Minho. Creo que hay un par de cosas que deberías saber sobre Junsu y la influencia que su vida a representado en todos los aquí presentes. Y James es parte vitalicia de esta historia. Además que más temprano que tarde terminarás enterándote de todo, pero vamos a necesitar de tú vital ayuda para nuestro plan.

—¿Plan? ¿Qué plan? ¿En que diablos están metidos?

James bufó, arrimándose un poco en su asiento y bebiendo el jugo que Siwon acababa de ofrecerle.

—Haber muchacho. Ese tal Changmin no está contigo por influencia de Junsu. ¿Nunca te has puesto si quiera a averiguar o no te ha entrado la duda del por qué?
—Pues no…

—Entonces eres el adolescente más anormal que conozco.

Minho arrugó el entrecejo y Heechul reprimió una sonrisa, antes de que James comenzara a contarle a Minho aquella historia que todos los allí presentes ya se sabían de memoria.


Yoochun solo logró removerse incómodo, una vez más.

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