Last of Us

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Titulo: Last of Us
Autor: Daniel Fair
Pareja: YunJae
Género: Au
Extensión: Oneshot
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Fue un hombre el primero en llegar; luego, una mujer. Después, una pareja de hermanos. Una anciana les siguió, con muy poca distancia. Todos tenían heridas graves en cuellos, abdomen y piernas.

Los refugiamos entre nosotros, les alimentamos con lo que teníamos, y les dimos mantas para resguardarse del frío. Sinceramente, dudo que alguno de ellos pase de esta noche.
No pierdo la esperanza de que sobrevivan, pero, dadas las circunstancias…

Si estás leyendo esto, quiere decir que nos hemos marchado, más allá de Las Redes, hacia la Zona Blanca. En este momento, si hay algún lugar donde los heridos puedan encontrar la salvación y, tal vez, una posible redención, es ahí. Recogeremos a todos los supervivientes que lleguen, pero no podemos enviar gente a buscar a nadie. Lo sentimos.

Hemos escondido algo de armamento por los alrededores, dado que a nosotros sólo nos retrasaría, y tal vez a alguien le resulte más útil.

Seas quien seas, te deseo suerte.

Jack Black, 1ª Divisón, Exiliado del Concilio – Humano.

La diestra del joven se apretó fuertemente en torno al papel, cerrando los ojos y suspirando. El trémulo temblor que nacía de sus tobillos se acrecentó cuando se dio cuenta de que su largo viaje aún no había terminado, y que estaba lejos por terminar. A su espalda, un dubitativo joven entró en la habitación, explorando con la mirada las estanterías vacías y las latas de comida en conserva tiradas por el suelo. Ninguno de los dos dijo nada durante los minutos subsecuentes.

Deslizó la carta al interior de los bolsillos de su chaleco, desenfundando luego el arma. Aún sin tener el dedo en el gatillo, apuntó hacia la habitación precedente, desde la que habían venido. Ningún ruido, ninguna sombra aislada. Nada.

- Por el momento, estamos a salvo, Jaejoong. – Susurró, con la pistola en alza, cerrando la puerta tras ellos. – Pero no creo que esta calma dure mucho. Coge lo que encuentres, y sigamos.
- Estaríamos más seguros si me dejases llevar un arma.
- Ni lo sueñes.

Anduvo a través de los camastros repartidos, moviéndose rápido en aquella palpitante oscuridad. La luz que proyectaba la linterna no era demasiado fuerte como para sentirse seguro. Y la presencia del otro joven le provocaba un miedo aún más intenso, pues desconocía de qué sería capaz.

Apuntó con la linterna al suelo, a las esquinas, al techo, bajo las estanterías, entre las sábanas, hacia el interior de las cajas apiladas… Y nada más que polvo y objetos inútiles. Revistas, botellas de vino, un frasco de perfume. Nada útil.

- ¿Yunho? – Dijo el otro chico, asomándose desde una habitación anexa. – He encontrado algo. Ven.

Levantando la linterna, y llevando el dedo hacia el gatillo, se fue moviendo hacia aquella habitación. Las bisagras estaban rotas, la puerta ligeramente descolgada, y un intenso olor a moho invadía la estancia. Ni la máscara de gas sería útil contra este hedor tan nauseabundo.

- He encontrado algo detrás de la puerta, un baúl. – Dijo Jaejoong. Arrastraba un gran cofre negro hacia el centro de la sala. – Necesito tu palanca para abrirla.
- Apártate. – Murmuró Yunho, apuntándole con la pistola. Jaejoong retrocedió, con las manos levantadas.
- ¿Ni siquiera la palanca?

Un fogonazo intenso, un sonido atronador y un agudo olor a pólvora. Yunho, con el dedo intercalado en el gatillo, había disparado sin darle tiempo al otro joven a reaccionar. Con el semblante lo más frío que podía, se inclinó hacia delante.
La caja estaba abierta; la cerradura, reventada Jaejoong se encontraba en el suelo, con el rostro mortalmente pálido. Tal vez, incluso parecía tener los ojos ligeramente humedecidos.

- Has disparado. – Dijo. Ni una palabra más.
- No contra ti. – Respondió Yunho, agachándose junto al cofre. Dejó el arma en el suelo, entre sus pies. – La palanca nos hubiera retrasado más de lo necesario. Y ya llevamos mucho tiempo aquí. Hemos de continuar.

Dentro de la caja, encontraron las armas que habían mencionado en aquella carta. Jaejoong esbozó una sonrisa. Una veloz mirada del otro joven le recordó que él no llevaría ninguna de aquellas armas.

Mientras sacaban al exterior la munición y las armas, que a ambos se les hicieron escasas, dadas las circunstancias, escucharon un clic tras ellos. Cuando se volvieron, encontraron a una chica joven, más joven que ambos muchachos, que les apuntaba con una pareja de revólveres pulidos y brillantes. Aunque su expresión era confusa, y su actitud, dubitativa, sus dedos no parecían temblar.

- Dejad las armas. Son mías. – Dijo. Luego, accionó los tambores de ambos revólveres.
- Yunho… - Empezó a decir Jaejoong.
- Cállate. – Replicó el aludido.
- ¿Yunho? – La chica esbozó una sonrisa, aún por encima del nerviosismo que parecía experimentar. - ¿3ª Divisón, Exiliado del Concilio?

Yunho suspiró suavemente, pero no respondió. Se giró, arrodillándose, y tomando de nuevo las armas. La chica bufó, crispada.

- ¿No me escuchaste? Te he dicho que dejaras las armas. – Repitió, andando hacia él y apoyando el cañón en la sien del joven.
- No vas a dispararlas. – Dijo, sin sonreír. – Nunca las has disparado, y dudo mucho que tus primeras víctimas seamos nosotros.

Alzó un rifle de corto alcance, observándolo a la luz de la linterna. Ningún reflejo de óxido o pólvora, ningún rasguño. Algo pesado, pero con munición suficiente. Dejándolo a su lado, examinó el fusil y una pistola pequeña, demasiado para su mano amplia. Ambos parecían nuevos.
Aún dentro de la caja, había una máscara de gas, junto a un mechero y algo de tabaco. Se lo pasó todo a Jaejoong.
Lo último que quedaba era una caja, sin etiquetas, con jeringuillas rellenas de un líquido azul. Los guardó en el interior de su morral.

- Ahora, niña… - Dijo Yunho, enderezándose. Alzó la pistola hacia la cabeza de la joven. – Te sugiero que te apartes y nos dejes seguir con lo nuestro. No estamos para jugar contigo.
- No estoy jugando. Dame mis armas o…

De pronto, un intenso grito les paralizó. Híbridos.

- ¡Dejemos la discusión para luego! – Gritó Jaejoong, levantándose. Tiró de la muchacha al interior de la estancia, y luego cerró la puerta. – Agachaos, pegaos al suelo todo lo que podáis.

Tiró del baúl hasta situarlo junto a la puerta. Indicó, con un gesto, a Yunho que cogiera el fusil. Luego, se llevó un dedo a los labios.

En el exterior, algo rozó contra la puerta, algo que resbalaba suavemente desde la parte inferior hacia arriba. Una sombra bajo el marco. Un denso respirar que heló la sangre de los tres allí presentes.
Jaejoong, con gestos, les indicó que retrocedieran, hasta el fondo de la habitación. Luego, sacó una de aquellas jeringuillas, que portaban el líquido azul, y se arrodilló junto a la puerta.
Lentamente, una mano empezó a palpar un poco más allá del marco. Jaejoong alcanzaba a ver el borde de unos dedos. Apuró la jeringuilla, derramando unas gotas del contenido en el suelo. La mano avanzó varios centímetros más, una mano antinaturalmente grande. Las uñas, negras, rallaban la superficie, en busca de algo.
Jaejoong respiraba profundamente.

Y, de improviso, cuando la mano empezó a retroceder, clavó la aguja fuertemente en su piel, entre los dedos. Un chillido atravesaba el ambiente mientras el líquido se volcaba en el interior de aquel ser.

- ¡Corred! – Gritó, levantándose y abriendo, con un golpe de hombro, una de las puertas contiguas de la habitación, no aquella que se habían esforzado por mantener cerrada.

Arma en mano, Yunho  y aquella visitante siguieron al otro muchacho a través de habitaciones adyacentes. Tras ellos, gritos, lamentos, aullidos. Insultos a través de las estancias, y algo deslizándose rápidamente hacia su posición.
De pronto, el lastimoso quejido de los perseguidores que pudiera haber cesó, siguiéndole el sonido de un cuerpo al caer al suelo, mas ninguno de ellos quiso detenerse a mirar qué sucedía. Continuaron avanzando muchos metros hacia delante. Rápido, sin detenerse, sin pensar, sin mirar, el latido de sus corazones rompiendo el escaso silencio. No hablaron, ni se cuestionaron si continuaban en la dirección correcta.
En aquel momento, el único interés que el trío tenía era huir, alejarse todo lo que podían.

A la cabeza, y con una seguridad que no le había ido acompañando durante los últimos días, un taciturno Jaejoong iba a la cabeza, yendo un poco más rápido que los otros dos. Su miedo iba en aumento; su tensión, descontrolada. Desbocado, el sudor que se extendía a lo largo de sus extremidades le turbaba más allá de lo pensable, pues, si les interceptaban, tal vez sería el que más sufriría.
Aún sin armas, e intentando ver lejos en el túnel que recorrían, apenas concedía a su mente un momento de respiro para pensar en algo que no fuera correr. De vez en cuando, cada cierto tiempo, echaba un vistazo por encima de su hombro, asegurándose de que la joven y Yunho les seguían.
No podía asegurarlo, pues no era más que un segundo, pero, ¿por qué Yunho tenía aquella expresión, tan ausente, tan evadida?


Alcanzaron el final del túnel, una pared de hormigón que se extendía en todos los puntos que alcanzaba la vista. A la derecha del túnel, unas escaleras que ascendían hacia el exterior.
Intercambiaron miradas.

- Mira, niña… - Dijo Yunho, mirándola. Le hizo un gesto a Jaejoong para que se dirigiera hacia la escalera. Luego, saco el rifle y se lo pasó a ella. – No quiero tener problemas. Sé que estás armas no son tuyas… - Alzó un dedo cuando la joven hizo amago de replicar. Él continuó hablando. – No hay tiempo para discutir. Vamos a subir por esa escalera, tú puedes volver, dudo que a ti te persigan.

Pareció meditarlo, pues tanteó el arma, barajó su peso y comprobó el cargador. La llevó a su espalda, asintiendo.

- No lo creo así… ¿Por qué no iban a perseguirme?
- Toda su patrulla nos está buscando. Han puesto precio a nuestras cabezas. La tuya no vale nada ahora mismo. – Dijo Yunho, dirigiéndose hacia la escalera. Con un rápido gesto, sacó una máscara de gas del morral, diferente a la que le había pasado al otro joven. Se la colocó, ante la mirada interrogante de la chica.
- ¿Quiénes sois, para que os estén buscando tanto? – Él sonrió, a través de la campana protectora de la máscara.
- Vuelve, regresa ahora. Puedes decirles que hemos huido por aquí, si te los cruzas. – Respondió él, comenzando a subir por la escalerilla de metal, tras Jaejoong. – Mucha suerte, niña.

Y, poco después, desaparecieron por la boca del final de la escalerilla, dejando a aquella joven confundida y sola, a merced de las criaturas que los perseguían…


En el exterior, la visión que Jaejoong contempló luego le encogió el corazón, de un modo tan repentino que no pudo contener las lágrimas que, paulatinamente, descendían por sus mejillas. Con el puño cerrado de frustración inconsciente, el paraje yermo y desolado que se extendía ante sus ojos le pareció la repugnante prueba de una batalla que nunca debiera haber tenido lugar.
Casas, derruidas; edificios, destrozados; coches, aplastados contra el suelo. Comida pudriéndose en el interior de los cubos de basura cercanos, y el cadáver de algunos animales aún aplastados sobre el pavimento de la calzada.
Incluso, a varios pasos, un cochecito de bebé, volcado. Las mantas tiradas a un lado, y una pequeña muesca de sangre brotando de las ruedas.

- ¿Quién… - Temblaban las palabras en su trémula garganta. Sin saber encontrarlas, cerró los ojos. –… ¿cómo pudo esto haber pasado?
- Jaejoong… - La voz de Yunho sonó extraordinariamente comprensiva cuando posó la mano en el hombro del otro joven. – No permitas que te afecte. Todo esto sucedió hace mucho.
- Es… ¡Mira eso, todo eso! – Dijo, señalando el paraje agrario, las inmediaciones derruidas. – ¿Qué clase de seres pueden haber provocado algo así? ¿Cuál es el sentido de todo? ¿Y para qué? ¿Para estar condenados a vivir en el subsuelo durante siglos?

Yunho no respondió. Recuerdos de la guerra atravesaron su mente herida, mas no dijo nada. Al fin y al cabo, todo lo que veían era un memorando suficiente de lo que había pasado. No había excusa, no había consuelo. La crueldad de las criaturas que habían provocado aquello no conocía límites.

- Sigamos, Jaejoong. Es peligroso detenernos tanto. – Aventó Yunho, tomando al otro del brazo e instándole a seguir. Dedicándole una última mirada a todo lo que veía, empezaron a andar.


Nada. Nada más que una profunda tristeza cruzando los ojos del joven de cabello negro. Nada más que una amarga sensación brillando sobre los labios de Jaejoong, atravesando la piel.
¿Por qué?
Aquella pregunta taladraba su mente, más allá de lo posible. Sin respuesta, el desolador paraje no era más que un cincel que daba forma a las tinieblas formadas en su corazón durante los últimos días, tal vez semanas. Antes de aquella huida, antes de que Yunho le liberará y prometiera llevarlo más allá de aquellas bestias artificiales, ya llevaba implantada la semilla de la duda en su pecho. Si bien no eran más que simples vacilaciones que todos tenía en un momento u otro, en aquel momento a él se le hicieron una calle demasiado inclinada en su dirección, una subida que, poco a poco, se convertía en una pared insalvable.
Estaba solo. Mortalmente solo.
Él, una criatura desamparada, dirigiéndose a quienes lo verían como un monstruo, alguien a quien odiar, huyendo de quienes lo consideraban una paria, un deshecho social, un ser inferior… ¿dónde encontraría su lugar?

- Si alguien te hace sentir mal, atravesaré su cabeza con una bala. – Murmuró un escueto Yunho a través de la mascarilla. – Deja de pensar en eso.
- ¿Cómo has…
- Eres un libro abierto. Veo el miedo en tu rostro. Recuerdo el estado en el que estabas cuando te encontré. – Luego, suspiró suavemente. Un vaho suave emanó del filtro de aire de la máscara. – Además… entiendo tu situación, por lo que eres. No puedo decir que sé lo que es eso, pero... entiendo por lo que estás pasando.

Jaejoong no dijo nada, pero tornó la expresión de su rostro. Yunho siguió hablando.

- Soy un exiliado, así que tampoco tengo a nadie. Mi familia murió durante la guerra y los pocos amigos que me quedan están muy lejos como para pensar en buscarlos. – Un ruido cerca de ellos. Yunho alzó el rifle, pero no paró de hablar. – Por eso… y por otros motivos, pienso protegerte. No importa lo que pase. No estás solo.

Y siguió avanzando, alerta, los ojos en vilo, el rostro buscando algo alrededor. Detrás de él, un distraído Jaejoong cambiaba su expresión austera por una más distendida.
¿Yunho, sentimientos?
Siguieron caminando…


- ¿Yunho?
- Dime.
- ¿Qué haremos ahora?

Se encontraban, tras largo tiempo andando, circulando entre avenidas derruidas y construcciones en mal estado, delante de lo que una vez pudieron llamar La Zona Blanca, una inmensa cúpula de mármol construida sobre suelo santo, el único lugar libre de residuos en el aire, que afectaban los pulmones humanos.
Yunho se ajustó la máscara, mientras observaba el ruinoso estado de La Zona Blanca. Las paredes, caídas; el techo, desplomado, y ni rastro de vida. Ni en los alrededores, ni en aquella antigua edificación. Nadie.

- Hemos de seguir buscando. Iremos un poco más lejos cada vez, un poco más allá. Caminaremos por el día y descansaremos durante la noche. Será toda una aventura. Mientras tengamos estas máscaras, y encontremos algo de comida, estaremos bien. Estarás bien.
- ¿Crees que… encontraremos ayuda?
- En algún lugar habrá más como tú, estoy seguro. – Respondió él, sonriendo. – Y si no es así… montaremos nuestro propio refugio. Te defenderé de todo lo posible.
- ¿Quieres saber algo?
- ¿Qué?

Tal vez fueron demasiadas cosas por segundo. Tal vez se trataba de la soledad, del martirio de no encontrar criatura semejante, de lo que podía significar su existencia si todo se mantenía igual o si no encontraban ayuda.
Pero, lo único que quería en aquellos momentos era compartir camino con el otro joven, y ver lo que aquella aventura tenía preparado para ambos.
Al fin y al cabo, lo que tuviera que llegar llegaría, y ya habría tiempo de plantarle cara. ¿Quién sabe qué tipo de semilla sembraría un camino tan largo, entre dos sujetos tan diferentes pero, al mismo tiempo, tan similares?

- … Puede que no sobrevivamos.
- Lo sé.
-… A lo mejor no amanecemos vivos mañana.
- Dime algo nuevo.
- Es un placer compartir el viaje contigo, pese a todo. – Yunho le miró, a través de la máscara. Jaejoong sonreía, aspirando con suavidad el aire de los alrededores. – Y, como has dicho, será toda una aventura. Además… no puede ser del todo malo si estás conmigo.

No dijeron nada más.
Cara al sol que se extendía, proyectando largos haces de luz sobre la superficie y delante de ellos, continuaron.
¿Aquel viaje terminaría de crear aquella conexión que había nacido lentamente? ¿O no habría lugar en el mundo para aquello? ¿Encontrarían un lugar donde pudieran estar a salvo y ser felices?
Tal vez, si sólo dispusieran de tiempo… De un poco de tiempo en el que sentarse y descansar…

Por desgracia, lo que pudo pasar en la vida de ambos… sólo lo saben ellos, y el destino.

5 comentarios:

  1. Jodido mundo! En verdad estaba la *** e_e de solo imaginar ese pesado ambiente en donde los humanos no podían ni respirar daba a pensar que ya casi ni existían. Y aunque no especifica qué es Jaejoong tuve la curiosidad de qué era... Imaginé que era algún nacido entre híbrido y humano o un experimento fallido por tan diferente comportamiento.
    Me gustó que Yunho no confiara en Jaejoong ._. pero también que quisiera protegerlo a pesar de todo. Quería leer más ;_; en verdad quiero leer más aunque no es mi pareja favorita, ni nunca lo será :v pero desearía una continuación ;_; aunque sean unos dos párrafos más. Quiero saber qué sucedió después. Dejó mucho a la imaginación y no lo quiero así TOT porque cuando pasa eso es desesperante en algunos casos.
    Autor ;_; apiádate y escribe dos párrafos más(?)

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  2. Esto fue genial!. Me atrapó en su mundo desde el inicio. Un mundo envuelto en el caos. Con Yunho y Jaejoong huyendo, imagino que Jaejoong es híbrido, por la parte en la que habla acerca de más como él. Es tan intrigante que de verdad deseo leer más.

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  3. muchas gracias por compartir :3
    una historia muy diferente n,n me gustaria que los continues nnn,,,,,nnn

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  4. Cómo te envidio, esa manera de crear un mundo así, es genial. Me encantó leer esta historia, me sumergí en ella completamente con toda esa narrativa. WOW! Me gusta imaginar mientras estoy leyendo, y con esta historia me ha sido muy fácil imaginar los movimientos de Yunho y Jaejoong en un mundo tan devastado. Además, voy a ser sincera, me encanta la acción, y la descripción de la armas fue muy buena. Igual que la descripción de toda esa ambientación y sensaciones. Me gustó mucho esa manera en la que Yunho quiere proteger incondicionalmente a Jaejoong, aunque me hubiese gustado saber que era Jaejoong, y algo más sobre los híbridos Dýr. Fue tan buena e intrigante que quedé con ganas de saber más sobre esa 'aventura' ¡Enhorabuena! ~ *-* Gracias por la historia, me gustó mucho leerla.

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  5. sjadhshbfkjh me encanta desde ya *w*! solo una duda, es algo parecido al videojuego con el mismo nombre? aunuqe en el juego habia mas gente y los hibridos eran mas tontos o_o pero se me afiguro por la terminologia y la descripcion de los echos jajaj
    gracias por el fic!!!

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