El príncipe de los bárbaros - Cap. 12

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La misma persona puede ser la vida y la muerte…

- ¿Qué es lo que ese hombre tiene en su mano su majestad? -dijo Junsu sin poder dar crédito a sus ojos.

- Es una cabeza cercenada...-respondió Changmin en un tono vacío, también en shock-.

“¡LA CABEZA CERCENADA DE AMELIA…!” –Gritó su consciencia-.

La confirmación a través de las palabras del príncipe despertó al rey de su impavidez y fue entonces que su hermoso rostro se deformó por un grito acompañado de una mueca de dolor. Las lágrimas salían a borbotones de sus ojos mientras cabalgaba de regreso sin importarle que todo un pelotón de arqueros le apuntara.

El príncipe Astor hermano de la reina, salido de no se sabía dónde -pues les habían indicado que estaba cazando- sostenía la cabeza por los blancos cabellos, que se habían manchado horrendamente de sangre. Solo el hermoso circonio brillaba en medio del caudal rojo. No sólo le había cortado la cabeza también la había torturado, el rostro tenía cardenales amoratados, todo esto sin razón, en un mínimo momento apenas hace unas horas estaba con vida, aquel sin misericordia había lastimado a Amelia, que era un ser tan dulce, una gobernante justa e inteligente. No podría. No se lo perdonaría nunca. Lo decapitaría el mismo.

Changmin tuvo que picar a su caballo negro y salir detrás de Junsu inmediatamente, mientras ordenaba a su ejército que iba por delante volver y atacar. Notó lo turbado del ánimo de su pareja. Casi sin tiempo llegó para protegerlo con su enorme escudo pues una lluvia de flechas se cernía sobre él y no estaba consciente del peligro en el que se encontraba.

Por un pelo logró protegerlos a ambos. Las flechas llovían a los lados de ambas monturas. Pudo sentir el cuerpo del rey temblar de rabia frenéticamente. Su rostro empapado de lágrimas y sudor. Sintió mucho dolor en su corazón.

Una nueva remesa de flechas cayó ahora sobre su ejército. Que por su rápido regreso habían evitado que el puente se elevara y así no perdieron su acceso al castillo. Algunos soldados cayeron inevitablemente. El resto entró por el portal, no tuvieron piedad con las tropas de Astor. Que eran diferentes a las de Amelia, que en ese instante se ocupaban de evacuar a los ciudadanos que se vieron inmersos en esa absurda pelea interna.

Junsu se juró así mismo que protegería a este pueblo hermano de la misma forma en la que lo hacía con el suyo. Su corazón no entendía qué había sucedido, ¿Cuál había sido la causa? ¿Quién llenó el corazón del príncipe de semejante odio para que haya llegado al extremo de matar a su propia hermana? ¿Quién? ¡Demonios!, ¿QUIÉN?

Apenas cayó en cuenta de que había sido protegido, no tuvo tiempo para sonreír pero una idea lejana le dio fuerzas para no detenerse. Changmin estaba con él. "¿sería así en adelante?, ¿estaría siempre allí?".

En medio del tumulto y por el fragor de la batalla se separaron.

Khan llevado por la furia de su jinete no dudó en ningún momento. Varias cabezas separadas de sus cuerpos iban quedando a los lados de dónde Junsu había pasado. Su espada era inclemente con los traidores. A cuántos dio muerte no se contó pero fueron decenas.

Después de un combate feroz, Astor y una parte de sus tropas fueron acorralados en el patio oeste de las caballerizas. Ruta por la que habían pensado escapar al verse derrotados. Todos los soldados tomaron un enemigo a su cargo, mientras Junsu apuntó hacia el hombre su espada en señal de retarlo a duelo. Desmontó acercándose, con la rabia asfixiándolo.

- ¿POR QUÉ? ¿POR QUÉ HAS HECHO ALGO COMO AQUELLO? ¡ELLA ERA TU HERMANA...!-gritó con todos sus pulmones-.
- ¡UNA TRAIDORA ES LO QUE ERA...! Regaló nuestro país a ese maldito conquistador vanidoso, prepotente y que es hasta homosexual... -Astor se hallaba en una especie de frenesí como si su entendimiento hubiera sido bloqueado por algo, obviamente ese algo era una mentira-.

- Ella no regaló nada. Hicimos una alianza en los mejores términos para ustedes. Sin derramar sangre. Ella protegió a su pueblo que pudo ser arrasado sin clemencia por el ejército de Ilani. No te permito hablar con desprecio de mi señor. Él no tiene nada que explicarte. ¡No te perdonaré! Amelia era una dulce persona. Una gobernante justa. -Volvió a gritar el rey indignado, abatido-.

- Te mataré y podrás ir a ser "dulce" con ella en el infierno, ¡tú maldito maricón...!-ese insulto no significaba nada para él, pero encendió una alarma en su cabeza-.

Junsu respiró hondo y dejó su mente en blanco, gracias a su entrenamiento en las montañas. Con toda la fuerza que producían sus poderosas piernas corrió con su espada por delante, atacó con toda su potencia, su cuerpo se hizo uno con el arma, giraba y cada estocada provocaba una herida, la sangre saltaba a su cara y su ropa, su espada bebía y no estaba satisfecha, el contrincante era experto pero no lo suficiente. En un instante Junsu hizo amague de saltar pero en vez de eso se barrió, así logró clavar toda la hoja de su arma en el bajo abdomen del hombre que cayó frente a él de rodillas, con mucha sangre chorreando por su boca. Sin dudarlo un segundo Junsu estuvo de pie y le cortó la cabeza con un movimiento tan rápido y preciso que casi nadie logró verlo. La sangre que brotó del cuello salpicó su cara una vez más.

Con dolor, decepción y negra satisfacción levantó la cabeza del hombre y gritó:

- ¡¡¡ASTOR ESTÁ MUERTO, SE ACABÓ, HEMOS VENCIDO!!!

Pero ya no quedaban soldados que fueran fieles al hombre. Todos habían sido derrotados. Changmin llegó a toda velocidad después de hacerse cargo de la tropa de arqueros que mataron a algunos de sus soldados. Su corazón latía desbocado por la preocupación, sin embargo al ver a Junsu con la cabeza ensangrentada en sus manos una sensación de alivio le recorrió el alma. Caminó hasta él desmontando deprisa porque estaba con la cabeza baja y no se movía.

- Junsu, ¿estás bien?
Changmin se asustó un poco cuando Junsu levantó su cabeza y vio sus hermosas facciones manchadas de sangre por segunda vez, sus ojos brillaban de una manera en la que jamás había visto, grises, oscuros, vacíos.

- Ya lo hice, vengué a Amelia... Pero ella no volverá... Alguien nos ha traicionado...Changmin -dijo en un susurro- “¿Quién le ha hablado de nosotros a Astor...? Solo el caballero Jung, mi primo Jaejoong y Sun Ah lo saben”.

- ¿Qué has dicho? ¿Qué alguien le ha hablado de nosotros?...-En seguida entendió la presencia de ese hombre allí-. Junsu sé que esto es terrible para ti... Pero al parecer, quién ha provocado todo esto es...

En ese preciso instante Yunho y Jaejoong traían atado a Kim Junho, al que soltaron y obligaron a arrodillarse frente a los soberanos.

- Pero hermano, ¿qué haces aquí?

- Ha sido él, primo Junsu... Él le ha mentido a Astor y ha provocado todo este desastre.

- ¿No fue suficiente ya... Con intentar matarlo una vez... Lo traicionas otra vez?...

Changmin no logró contener su rabia, desenfundó su espada que estaba ensangrentada y la puso amenazando su cuello por segunda vez.

- ¡No, no por favor! No manches tus manos.-rogó Junsu, luego se agachó acercándose a su hermano-. Hermano, sé que ni siquiera te agrada que te llame así -dijo sonriendo tristemente-. Kim Junho.-Se irguió, su tono de voz cambió y se tornó solemne y grave-. Te condeno al exilio en el desierto de Turcan, al pie de los Volcanes Gemelos, el caballero Kim Jaejoong te dejará en sus dominios, sin tu insignia real, sin agua ni comida. Además...-en forma de una sentencia mayor-... te perdono también ésta vez. –A pesar de todo Junsu amaba a su hermano mayor-.
Kim Junho herido y empolvado había sido descubierto por Jaejoong intentado escapar a ver al ejército de Astor derrotado. Había sido interrogado brevemente y bajo amenaza de muerte había confesado que él era quien había hablado en contra de los príncipes y la alianza entre los pueblos con el único fin de dar muerte a Junsu.

- ¡No necesito tu misericordia! ¡Acaba de una buena vez conmigo! No me humilles más enviándome al exilio. Si no me matas volveré hasta lograr destruirte. !!!Maldito maricón hijo de una bruja!!!

Changmin no soportó ni el tono, ni las ofensas y con el cabo negro de su magnífica espada, golpeó la nuca del hombre y lo noqueó. El cuerpo cayó pesadamente al piso.

Haciendo una reverencia Jaejoong levantó al dos veces traidor y se lo llevó a cumplir la orden.

- Caballero Jung, ve con ellos. Yo no confío en ese hombre. -indicó el príncipe a su amigo-.

De la misma forma el caballero de Ilani salió a cumplir la orden uniéndose al grupo que ya estaba montando. Entusiasmado, semejante viaje les tomaría alrededor de dos semanas, tal vez menos. Tendría mucho tiempo para conocer a misterioso joven. La noche anterior había quedado completamente apasionado del caballero. Como si hubiera sido hechizado no había podido evitar besar al hermoso hombre y luego al probar su sabor había sido imposible parar de besarlo toda la noche. Ahora le parecía un sueño, sin embargo era muy agradable recordar su cuerpo tembloroso y cálido. Las "gemas elementales" era un asunto de no creer. No había tenido oportunidad de leer el libro entregado y su curiosidad se había duplicado después de la charla de los reyes la noche anterior. Su madre nunca le dio una explicación aceptable, seguramente ella tampoco tenía conocimiento adecuado. O tal vez quería ocultarle algo. Sin embargo ahora todo iba tomando sentido.

Aunque se preocupaba mucho por tener que dejar a Changmin sin su protección, recordó que ahora Junsu estaba a su lado y se tranquilizó. Ojalá pudieran reunirse de camino a Miltia y así volver juntos a casa. Y sólo ahí empezaría el verdadero trabajo.

Los soldados de Nívea iniciaron la penosa tarea de recoger y cremar a los muertos según su costumbre. El cadáver decapitado de la reina lo recogió Junsu mismo. Y lo llevó a su habitación, lo colocó con cuidado sobre la cama, puso la cabeza sobre el cuello y tocó su diamante y el sitio de la herida al mismo tiempo, rogaba a Ozus con todas sus fuerzas que su magia pudiera trasladarse al cadáver, pero tan solo las heridas desaparecieron, su don solo funcionaba con quienes estaban vivos, la belleza de reina volvió a su estado previo pero la vida no, besó la frente de su prima, sobre el circonio y este desapareció, se sintió súbitamente renovado y con más energía, el poder de la gema se había trasladado a él, aun así decepcionado dejó que las damas de la corte la arreglaran para la ceremonia de velación.

Se retiró con los ojos enrojecidos por el llanto, Changmin lo esperaba en el pasillo con gesto compungido.

- Sígueme...-dijo Junsu en un susurro-.

Después de caminar hasta el final del pasillo. Entraron en la habitación que habían ocupado la noche anterior que ahora estaba vacía. Y sin aviso alguno se lanzó al pecho del príncipe. Agarrando las solapas de su abrigo escondió su cabeza mientras lloraba desconsoladamente, con sonoros sollozos. Lo único que Changmin pudo hacer fue acoger a su amado con el mayor cariño, dando todo su apoyo. Mientras lo apretaba en sus brazos. Luego se arrimó a la puerta para tener apoyo y así permanecieron un tiempo indeterminado, él acariciando y besando su extraño cabello azul.

Cuando los temblores se terminaron, había oscurecido ya, aunque no era tan tarde. Afuera se escucharon las trompetas que indican que el cortejo fúnebre real empezaba.

- Changmin... Gracias... Por existir...

Junsu levantó sus ojos rojizos y llenos de lágrimas y se encontró con la sorpresa de que él también había llorado, compartiendo su dolor. Entonces supo que jamás dejaría de amarle. No tenía en cuenta cuando empezó a hacerlo pero sin duda lo amaba con todas las fuerzas de su corazón.

La mano del príncipe se posó en su mejilla. Luego lo besó. Solo amor fue lo que recibió. Changmin era una persona muy cálida. Luego se lavaron las caras con agua de una tinaja olvidada y fueron a tomar sus posiciones en la ceremonia.

Todo fue muy emotivo. Los súbditos desalojados habían vuelto todos y con trajes negros lloraban a su reina muerta. Todos los soldados llevaban una bandana negra en su frente, los ilianos y los níveos. Fue Junsu el encargado de prender fuego a la pira sobre la cual se encontraba el cuerpo de Amelia.

Encendió la base y enseguida el fuego se esparció por todos lados. Podría ser por los aceites con los que se preparaban los cadáveres pero lo cierto era que el ambiente se llenó de un agradable aroma. "Es el perfume de su alma", escuchó decir a una mujer anciana.

El general del ejército níveo que había logrado salvar su vida, renovó el juramento de lealtad a Ilani. Changmin aceptó el juramento pero no quiso dejar a esta gente sin un funcionario de su confianza, así que ésta vez quién haría de regente era el joven caballero Choi Minho, era un chico confiable y capaz. El príncipe debía regresar a Miltia que ya estaba entrando en caos por su alargada ausencia. Solo él con su carácter firme lograba reducir las voluntades cerradas de los ancianos. Era obvio para él que el Ministro Lee no haya logrado contenerlos más tiempo.

La noche tuvo una silenciosa oscuridad en el castillo. Lo único que podía escuchar era la respiración acompasada de él. Que le abrazaba por detrás. Increíblemente a pesar de estar en contacto con el zafiro no hubo la reacción habitual, como si la gema respetara su estado de ánimo.

- ¿No puedes dormir?

- Es difícil...

- ¿Qué puedo hacer para ayudar...?

- Canta...-dijo sin pensar el peliazul-.
- ¿Cantar?, está bien. Te advierto que no tengo muy buena voz.

La melodía era suave, romántica no muy decente que digamos pero esto le ayudó a mejorar su ánimo. No era cierto lo que había dicho. La voz de Changmin era preciosa, perfecta. Algún día también cantaría para él.

La mañana siguiente se hicieron todos los preparativos para el viaje una vez más. Un regimiento de 300 soldados se quedó allí también. A medio día pasada una ventisca infernal pudieron empezar a cabalgar. Podrían evitar volver a Odaiba. Ésta vez, el camino lo harían por directamente por Silo, un guía se había ofrecido para llevarlos por una antigua ruta de comercio que ya no se usaba regularmente pero que los ayudaría a avanzar con rapidez.

Para Junsu que no había salido mucho de su país que cada vez estaba más lejos, todo le resultó atractivo. Silo y sus ciudades bulliciosas y coloridas, más grandes, acentos característicos a pesar de usar el mismo idioma. Lo que sí le molestó fue la cantidad de mujeres que estaba dispuestas a intentar seducir al príncipe. “Ya no quedan mujeres decentes el mundo”, pensó. A pesar de la insistencia de varios gobernantes y generales Changmin no paró más que lo estrictamente necesario con el convoy del ejército que había reunido para llegar más rápido, el resto llegaría con calma después.

A los 15 días de haber empezado el camino. Llegaron a la frontera entre varios países, después rodear un lago, llegarían al país de Changmin. La diferencia con el resto de reinos se notaba. Cabalgaron por la orillas de este gran lago. Para sorpresa de Junsu no había ciudad, no había una aldea, ni siquiera había barcas. Por lo regular las orillas de los ríos y lagos son lugares rebosantes de vida, color bullicio. Pero aquí no.

- Mi señor, ¿qué sucede con este lugar? ¿Por qué no hay nadie? Es un lago... ¿No hay pescadores? -usó lenguaje formal pues todos los caballeros estaban presentes-.

- Ya sabía qué ese tipo de preguntas vendrían a tu mente. –dijo mientras desmontaba-. Este lago se conoce con el nombre de Gran Lago Salado, y está muerto desde hace más de dos siglos. Algo en la composición del agua cambió e impide que haya peces o cualquier otro animal. Si no hay peces no hay seres humanos que los pesquen.
- ¿Tampoco sirve el agua para cultivo?

- No... Es demasiado concentrada…

- ¿Alguna vez fue agua útil?

- Según los libros de historia, sí.

- ¿Tampoco puedo tomar un baño? "El agua parece llamarme"...

- No creo que sea buena idea, podría lastimarte.

Con un pucherito mal disimulado dejó al príncipe con sus soldados y se fue hacer algunas tareas que le habían encomendado en la preparación del campamento. Su posición de rey se había dejado de lado y ahora cumplía labores como un caballero cualquiera. Poco después se terminó de montar el campamento pues ya caía el ocaso. Todos los soldados daban miradas tristes al enorme espejo de agua que reflejaba el potente sol, por ser un lugar nada fructífero. Conforme habían descendido de la cordillera el clima de había vuelto más y más cálido y sofocante. Ahora Junsu entendía porque a Changmin su país le parecía tan frío. Sin embargo para él, el calor era muy agradable.

A media noche no resistió, era imposible descansar, estaba solo y completamente sofocado salió de su tienda, atendiendo a lo que parecía un llamado del enorme espejo de agua "muerta". Así que sin hacer ruido se deslizó en silencio. Los soldados que estaban de guardia en la entrada lo saludaron pero no le preguntaron a dónde iba. Junsu se había ganado el respeto del ejército bárbaro por su ferocidad durante la batalla de Nívea. Le admiraban por ser un excelente espadachín. Preciso y sorprendentemente inclemente.

Caminó por la orilla unos largos minutos a la luz de la luna, en la semi oscuridad pudo observar con más detenimiento. El agua se veía muy oscura, sucia y espesa, se sentía como si el agua estuviera lamentándose mientras se mecía con la leve brisa. Él le tuvo piedad y metió sus manos al agua. Estaba fría pero no tanto como lo era en Ameria. Tenía tanto calor, el clima nuevo y su necesidad insatisfecha lo estaba enloqueciendo. Había sido imposible deshacerse de los soldados para obtener un momento de soledad, por lo tanto no habría alivio en el cuerpo de Changmin así que sin pensar en la advertencia del príncipe se desnudó y sin más se lanzó al agua. Era absolutamente refrescante, maravillosa. Estaba desperdiciada. Nadó todo lo que quiso, agitando sus brazos y piernas como si de un niño se tratara, dando grititos agudos poco masculinos que recordaban a aquellos inteligentes animales del mar que no había visto nunca.

Después de un largo tiempo, con expresión satisfecha empezó a caminar ya para salir.

- ¿Qué demonios es lo que estabas haciendo? - trató de parecer molesto, pero la verdad es que se había quedado impresionado de la belleza que representaba el cuerpo desnudo de Junsu a la luz de la luna que exactamente en ese momento se despejaba completamente. Era muy hermoso. Su necesidad se hizo dolorosa y urgente pero nada podía hacer por saciarla. Todo su ejército estaba a sus espaldas, en el campamento.

"¿Cómo lograré vivir con Junsu sin estar siempre a sus pies?"

- Solo tomé un baño. Estoy bien... ¿No me ves?

"Sí, definitivamente te estoy viendo"...

- Me has desobedecido caballero Kim, ya encontraré la forma de castigarte.

Junsu sonrió al reconocer el deseo en los ojos de su señor. En este momento todo el deseo que se había quedado en el agua fría volvió a nacer como un volcán en erupción. Sin embargo el príncipe se giró huyendo de él. "No habrá nada ésta noche tampoco". Con profunda tristeza se vistió y volvió a su cama en la tienda a no ser saciado.

A la mañana siguiente después de tomar una frugal comida, el ejército empezó a recoger el campamento. Estaba previsto que a medio día Kim Jaejoong y Jung Yunho llegaran de la sórdida tarea que les había encomendado.

El día había amanecido soleado. Ilani era una tierra caliente comparada con Ameria. Las tierras eran extensas planicies que no se veían fértiles y estaban un tanto abandonadas. Sin embargo en un momento los soldados se reunieron a la orilla. Todos daban gritos de exclamación. Algo fuera de lo común había sucedido.

Changmin conversaba con Kim Heechul acerca de unas noticias recientes, fue informado de la novedad, así que corrieron desde el campamento. Al llegar sus ojos se abrieron incrédulos. El agua del lago siempre oscura, o al menos desde que él la había conocido, estaba completamente trasparente y reflejaba maravillosa, el cielo azul. Metió sus manos en ella para comprobar y en efecto era tan pura que no pudo evitar beberla. Era la más deliciosa que había probado nunca.

- Su majestad, es completamente diferente al agua del día de ayer...

- Sí...

“Lo único diferente que sucedió, fue que Junsu se bañó”.

Changmin llevó aparte al de cabello azul. Lo suficiente para que los soldados no oyeran.

- Fuiste tú... ¿cierto? ¿Qué hiciste?

- Yo no hice nada, solo me bañé...

- Pues muchas gracias... Por desobedecerme ayer...
- ¿Entonces ya no me vas a castigar…? –Junsu picó al príncipe con su pregunta, obtuvo un asentimiento y una profunda mirada llena de admiración-.

- No me mires así... Parece que estuvieras viendo a un ángel o algo así...

- Pues aparentemente lo eres...-luego susurró para que sólo Junsu oyera- te lo pagaré de la forma que quieras, ésta noche, falta poco para llegar a mi casa-.

La promesa fue recibida con un estremecimiento de profunda alegría. Al fin se acabarían los días de abstinencia.

El príncipe de los bárbaros - Cap. 13

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Revelaciones de último minuto…


- Hace tanto tiempo que necesitaba tus manos sobre mi piel, me estaba sintiendo abandonado. Ya estaba desesperado…-dijo el rey respirando agitado sobre los labios de su amado-.

Cada espacio por el que Changmin ponía las yemas de sus dedos parecía dejar una línea de fuego, que adictiva era la sensación de sentir recorrer el deseo en minúsculas estelas de placer eléctrico por todo el cuerpo. Que bendita magia la que recorría sus venas. Sus ojos brillaban a la luz de las velas, hoy precisamente y como nunca antes, había muchas de ellas encendidas en la habitación.

“Vamos a hacer el amor con las luces encendidas”…

El deseo era fuego líquido arrasando las venas. Las manos abiertas de Changmin se paseaban por toda la espalda, desde el azulado cabello hasta las nalgas perfectas y a los muslos, apretando con saña y volviendo a hacer el recorrido mil veces. Junsu se aferraba a los hombros de su amante mientras su cuerpo se frotaba con insistencia y sin parar sobre el cuerpo que tenía debajo. La ropa había desaparecido de los cuerpos apenas pusieron un pie en la antigua habitación, la cama fue usada inmediatamente. Su hambre era infinita, devoraban sus labios con violencia, dientes, lenguas, saliva, gemidos, alientos calientes danzaban en espirales de placer. Los besos eran tan intensos que habían algunas señales de mordidas que sangraban levemente, apenas se daban tiempo de respirar. En un instante inevitablemente se separaron, el aire era necesario después de todo.

- No sabes cuánto te extrañé… -Susurró Changmin apegando su frente a la de su amante mientras le sostenía de la nuca. El otro también luchaba por recuperar su frecuencia respiratoria normal-.

- Me he sentido morir todos estos días en los que no me has tocado.

Para ser exactos los quince días que había durado el descenso desde las nevadas montañas de Nívea hasta la templada Silo y la ardiente Ilani.

- Ha sido un infierno –se sinceró-.

Junsu comenzó a deslizarse hacia abajo, besando cada espacio de la bronceada piel, con la clara intención de llegar tan abajo que pudiera felar el miembro de su príncipe, sin embargo aquel no se lo permitió.

- Lo harás después, por ahora quiero tu boca en la mía, luego voy a poseerte hasta que me pidas que pare.

- Eso no pasará nunca. -“Jamás me cansaría de ser poseído por ti”-.

Changmin cambió las posiciones y se colocó sobre el cuerpo sudoroso y ansioso, se tomó unos instantes para admirarlo, también acarició con ternura su rostro risueño.

- Te amo…-las palabras salieron profundamente exhaladas del ancho y moreno pecho, con toda naturalidad-.

Los ojos de Junsu se ensancharon, esas eran palabras que jamás pensó escuchar de parte del príncipe, palabras que el mismo no había tenido oportunidad de pronunciar –por vergüenza-, supo que su boca se había abierto por la sorpresa cuando Changmin lo besó de improviso y metió su lengua, riendo en medio de beso. Riendo tan sinceramente como lo haría un niño. Absolutamente feliz. Changmin era hermoso, un joven tan lleno de vida. Junsu rio también y enredó sus dedos en el sedoso cabello del moreno, mientras su lengua se batía en duelo con la ajena, un momento después aquel dejó sus labios y se dedicó a besar el cuello y los espacios de las clavículas, lamiendo y chupando la piel con vehemencia, Junsu disfrutaba de esos labios, su saliva era algo así como “refrescante”, para ese calor fastidioso de estar sin él, como le gustaría que pasara su lengua por cada parte de su ser. Rogar no vendría mal.

Siguiendo en su tarea, el de pelo castaño lamió los pezones rozándolos apenas con los dientes, Junsu vio puntos de colores, arqueó su espalda e inconscientemente le dio más acceso a esa parte de su cuerpo, Changmin gemía satisfecho. Era inevitable. Puso la mano sobre su miembro, el rey gritó de la impresión y luego se ahogó su propia voz en los gemidos que luchaban por salir a borbotones, Changmin era malvado, era un bárbaro, su mano tan apretada subía y bajaba por el falo, inmisericorde, sin cesar, muy pocos minutos fueron necesarios para hacer que Junsu explotara, el placer era tanto que perdía la consciencia por algunos segundos, mientras su cabeza giraba a cada lado sin rumbo.

Changmin miraba orgulloso su obra, Junsu con el cuerpo caliente cubierto de maravilloso sudor, respirando tan agitado después de obtener el clímax absoluto. Ahora era su turno, se consideraba muy fuerte, sin embargo con tan solo verlo eyacular podría haberle hecho tener su orgasmo también. Con el líquido espeso y caliente que tenía en su mano producto del placer consumado, empezó a masajear la entrada al cuerpo de Junsu. Siempre tan receptivo, a penas recuperado ofreció generoso su cuerpo, abriendo sus piernas para él. Ondulando su cadera con cada giro de los dedos, lamiéndose los labios por la expectativa.

- No más con los dedos… estoy listo, te necesito dentro.

Sus deseos eran órdenes y sin preámbulo mayor entró de una sola vez, ambos abrieron sus bocas exhalando profundamente, hace tiempo que no sentían tan divino placer, se miraron un instante, Junsu solo asintió, Changmin se agarró de los barrotes del respaldar de la antigua cama y comenzó a embestir sin piedad, una y otra vez, con todas sus fuerzas, tan profundamente, gimiendo al mismo ritmo del hombre debajo de sí. Buscando alcanzar el punto preciso. La cama hacía mucho ruido, era la cama de sus padres y era una especie de sacrilegio, pero el interior de Junsu se sentía tan increíble que tan solo pudo pedir perdón en silencio y seguir embistiendo.

La música de aquella voz rota de mil maneras en cada gemido, inundaba sus oídos y le hacía perder la consciencia. Le amaba, de una desequilibrada manera, pero lo hacía.

Después de varios minutos las paredes internas del peliazul se contrajeron con fuerza alrededor de su miembro y lo obligaron a explotar, no pudo contenerse, quería escucharle correrse una vez más antes que él, pero sus ansias lo vencieron, para Junsu sin embargo el solo hecho de sentir a Changmin convulsionar mientras dejaba ese líquido tan caliente en su interior, le hizo llegar al clímax por segunda ocasión. Otra vez ambos luchaban por el aire, sus pechos se movían con profundidad, el calor de los cuerpos era asfixiante. Sus miembros están colgados a los lados de sus cuerpos.

Unos minutos más tarde Changmin se deleitaba, como siempre que podía, en mirar los luminosos ojos grises de Junsu, mientras su dedo índice acariciaba distraído el diamante circular y transparente del abdomen.

- Yo también te amo. –dijo Junsu sinceramente-.

La sonrisa del príncipe fue instantánea.

- Lo sé. Porque yo también lo siento. Te amo Junsu… -besó su blanca mano y la colocó sobre su pecho-.

Junsu cerró los ojos, como quien toma valentía, suspiró. Y dijo:

- Lo haré… haré lo que me pediste…-con expresión indescriptible el rey cedía a la avezada petición hecha durante la tarde-.

- Junsu… yo no… será muy complicado…ya lo pensé mejor…y creo que…

- Lo haré… no hay vuelta atrás, soy tuyo… haré lo que sea necesario para que sigas siendo el líder de esta gran nación. Tú representas el futuro de mucha gente. La estabilidad política evitará una guerra civil inútil y sangrienta. No quiero ser egoísta y tan solo por mantener un orgullo que de nada me sirve, ponerte en problemas…

- Junsu…escucha…

Sin embargo, el rey negó ligeramente, obligándolo a callar. La sonrisa de Junsu era tan pura, tan infantil, tan hermosa, tuvo que rendirse al deseo de aquel de cumplir su voluntad, a pesar de que estaba poniendo la vida de ambos en peligro. Cerró sus ojos un instante y luego volvió a mirarlo con una clase diferente de mirada.

- Quiero tenerte en mi boca.

Junsu nunca dejaba de sorprenderlo, hace unos pocos segundos hablaban de cosas trascendentales en sus vidas y ahora, el rumbo de la conversación volvía al sexo. Sacudiendo la cabeza, el príncipe moreno sonrió y se entregó a los labios que se le ofrecían abiertos.

Luego del húmedo beso, Junsu obligó a Changmin a sentarse arrimado al respaldar de la cama y a abrir las piernas, sonrió de nuevo y esta vez la esquina de su boca se torció, a pesar de ser la misma boca, la promesa era muy obscena. En un ágil movimiento ayudado por su mano derecha se metió el enorme miembro erguido de Changmin en la boca y empezó a succionar con fuerza.

- ¡¡¡Ahhh!!!

Junsu aprovechó el instante que su amante gemía para respirar, Changmin lo empujó hacia atrás.

- Pero, ¿qué te sucede?

- Yo también quiero hacerlo…hagámoslo al mismo tiempo…

Gateó sobre el cuerpo de Junsu luego de girarlo y se colocó de forma que podía alcanzar con su boca al miembro ajeno y dejó al alcance de la boca del peliazul su propio miembro, el juego empezó otra vez. En esta posición el goce se multiplicaba por dos, era indescriptible la sensación de placer que le producía el aterciopelado miembro de Junsu en la boca, se esmeraba por atenderlo con su lengua, por tragarlo con toda su boca. Junsu era mucho más experto en volverlo loco con sus labios y hacía su magia sensual, chasqueando los labios por lo potente de la succión.
Su cadera inconscientemente embestía de forma muy intensa, la sensación de ser tragado por esa húmeda cavidad lo llevó al orgasmo por enésima vez. Tuvo que retirarse para evitar ahogar a su amante más pequeño. Junsu rio y sin quitarle los ojos de encima con su propia mano terminó el trabajo, apenas se rozó y el orgasmo le atacó también a él.

Más tarde se acurrucaron un momento para dormir un poco, se acomodaron como de costumbre con Changmin detrás. Luego de unas horas, despertó: “Vaya, se me olvidó que dejé las luces encendidas para comprobar lo que me dijo Yunho…”

Sin pedir permiso, y sin esperar que el otro despierte, su mano izquierda que descansaba sobre la cadera, la llevó directamente al diamante del abdomen, la potente sensación de fuerza y salud lo recorrió de nuevo, pegó su pecho a la espalda desnuda y Junsu despertó gimiendo al ser recorrido por la corriente de placer súbito.

- ¡¡AH!!, ¡¡Changmin!!

El príncipe, apretó su cuerpo y con su lengua masajeó la nuca, firme, Junsu se arqueó por reflejo, Changmin conocía cada minúsculo espacio que le proporcionaba placer infinito y lo aprovechaba en su beneficio, lo dominaba completamente. Besando su nuca y sus hombros lentamente fue colocando el cuerpo en la posición que quería. Junsu debajo, con la cara contra las almohadas. Sin dejar de atender su espalda, volvió a meter los dedos en la entrada de Junsu que se contrajo entre adolorida y necesitada. El gemido de dolor, no fue motivo para detenerse. La necesidad fue mayor. El peliazul dobló sus rodillas exponiendo todo su trasero para que Changmin hiciera con él lo que quisiera. Antes de entrar en su cuerpo se acomodó sobre él y le robó un beso pequeño, obtuvo esa hermosa sonrisa y luego levantando las caderas con fuerza se hundió una vez más. Para mantenerse consciente embestía profundo y firme pero lento.

“Tan perfecto, así lento…, ¿por qué me torturas mi amor?”

Entonces lo vio, la figura de un árbol muy grande se formaba en la blanca espalda de Junsu, la figura ocupaba el lado izquierdo, es decir el tronco del árbol, luego siete ramas salían de él hacia la derecha. Sobre cada rama un símbolo como el de letras se formaba en un idioma que no era el suyo, además de una especie de símbolos, el de la sexta rama tenía una figura muy similar al diamante circular que Junsu tenía en su vientre. Eso lo sorprendió mucho, jamás se había fijado en algo que parecía tan importante, una vez más maldijo al viejo que no aparecía, que despistado había sido…

- Changmin, ¿qué sucede?...-Junsu llamó su atención pues él se había quedado inmóvil y el placer se obtenía únicamente en movimiento-.

- ¿Tienes algún tatuaje en la espalda?

- No…

La figura comenzó a borrarse, Junsu sin entender de qué hablaban bamboleó su pelvis para obtener placer, Changmin tuvo que embestir en respuesta y la imagen se hizo clara otra vez. Pero ya no tuvo consciencia para analizar con calma, el placer que dejaban salir los gemidos de Junsu le robó la razón y no se detuvo hasta ver que ambos alcancen el clímax.

Al amanecer, después de una noche tan productiva, despertaron juntos como hace mucho tiempo no lo hacían, que maravillosa se adivinaba la luz azulada que invadía el cuarto.

- ¿Por qué me preguntabas si tengo un tatuaje en la espalda?

- Anoche mientras te tomaba por detrás apareció en tu espalda un gran árbol ancestral con seis ramas, sobre cada rama había dos símbolos, uno que parecía un nombre y el otro que parecía una joya, la última rama, la sexta, tenía un símbolo circular, como tu diamante.

- Nunca lo he visto, mi espo… Sun Ah, nunca me dijo nada…

- Sun Ah, ya no es tu esposa. –Dijo como si de algo como una ley natural se tratara y sin remordimientos siguió hablando-. Aparece solo cuando estamos haciendo el amor. La otra noche en Nívea, Yunho lo vio en tu espalda.
- ¿Qué crees que signifique? –mantuvo una expresión sería pero pensó “Ah vaya, ya recordé cuándo. Eso fue MUY vergonzoso”

- No lo sé…

En seguida escucharon un golpe en la puerta.

- “Su majestad Changmin“

- Habla…

- “El ministro Lee Taemin está aquí y debe hablar con usted, dice que es urgente”…

- Dile que en 10 minutos estaré con él, ahora retírate y que nadie me moleste hasta que baje.

- “Sí su majestad”.

- Debes salir de aquí después de que yo haya salido, parece que tendrás que cumplir tu promesa antes de lo que habíamos planeado.

- Tengo poco tiempo –de sus ojos salieron chispitas- tengo una idea…

Se envolvió en la sábana que estaba revuelta en el piso, de la cabeza a los pies, ocultando sus partes más llamativas y salió corriendo por las dos puertas que separaban del pasillo a la habitación, dejando a los guardias estupefactos, fue tan rápido que no lograron verle la cara. Alcanzó el cuarto del ama de llaves que ahora ocupaba Sun Ah.

- ¡Tienes que ayudarme!

************************************************************************

- Su majestad la situación ha llegado al borde de un abismo. Perdóname que te lo recalce su majestad pero debes entrar en Miltia con la muchacha HOY, casarte HOY y ser coronado HOY, sino mañana se desatará tal caos que será incontenible. Los ministros ancianos han dominado con sus palabras engañosas a una buena parte de la opinión pública. Te han acusado de tantas cosas, y al saber que volvías sin una esposa han confirmado sus artimañas, pero veo que tú también escondes ases bajo la manga.

- La muchacha ha estado aquí todo el tiempo, ¿verdad?

- Así es… -dijo el príncipe cruzando los dedos, para engañar a su nación, debía engañar a su fiel ministro o no lograría avanzar, muy pocos conocían la verdad-.

- Has estado demasiado tiempo lejos. Han abusado de su poder a pesar de todos mis esfuerzos que no han sido pocos. No he logrado frenarlos.

- Lo sé amigo, pero cuando llegue deberás darme los informes de todos los excesos, decapitaré a todos los que hayan cometido fraude.

- Todos los informes están listos, haremos según tu voluntad cuando los revises. Perdóname mis faltas su majestad.

- Al contrario. No sabes cuánto agradezco que hayas cuidado de nuestro país tanto tiempo, dejé una carga muy pesada sobre ti. ¿Me seguirás siendo fiel en el futuro?

- He jurado mi lealtad con sangre su majestad, al igual que todos tus guerreros –señaló la cicatriz que era evidencia del juramento-, te seguiré hasta la muerte. –Dijo el joven ministro Lee, hincando una rodilla al piso y colocando la mano derecha en el pecho-.

- Y yo te prometo que daré muerte a quién sea necesario para mantener todo lo que hemos logrado, ¡lo juro!

*****************************************************************************

La Casa de Campo de la familia Shim, ubicada a la afueras de la ciudad capital de Ilani, la antigua Miltia había sido el primer sitio al que Changmin y sus caballeros habían llegado. El grueso del ejército, se había quedado acampando en la planicie que estaba sin cultivar por ausencia de su amo. Esa mañana inmediatamente después de que se dio la orden el ejército estuvo preparado, los carros con las ofrendas y regalos de las naciones que se habían aliado se colocaron al frente del cortejo, tan solo el príncipe y su séquito mínimo estaba delante. Detrás los militares de alto rango en los magníficos carros proporcionados por la gente de Kiteria, y al final los soldados de a pie.

La gente estaba muy animada, apenas se habían levantado en la mañana, con las noticias de que el ejército del príncipe estaba en la hacienda, se habían amontonado en las afueras, venían las historias increíbles de los viajes, todas victorias, mil doncellas para el harem, mil cofres de oro y joyas, maderas y telas finas, pieles y ganado. Alianzas. Una nueva y misteriosa princesa. Una mujer de ojos grises, que hechizó al príncipe en Odaiba y lo hizo seguirla hasta Ameria. Los guardias luchaban por contener a la multitud que pugnaba en la puerta de la gran verja, por ver algo en las ventanas.

En la habitación de Jung Sun Ah, el nombre de soltera de la ex – esposa de Junsu, y Kim Heechul se afanaban en convertir una figura masculina en una femenina.

- Debe ser verde…-decía la mujer, pensando en el color que mejor le sentaba a Junsu-.

- No, deber ser aguamarina… combina mejor con los ojos de su majestad…-decía el caballero con un lápiz en la boca-.
- Entonces debería ser gris para que combine con mis propios ojos…-decía el rey irónicamente, harto de la discusión-.

Una tercera voz detuvo la insulsa pelea…

- Debe ser blanco, porque van a casarse apenas terminen el recorrido por las calles principales…

- ¡¡¡¿¿¿QUÉ???!!! –tres gritos muy agudos se oyeron al unísono-.

- Si no se casan hoy y son coronados, mañana habrá muchos muertos en Miltia. Estallará una guerra civil que no quieres ni imaginar primo, peor que nuestra pelea en la planicie de los cipreses rojos… -dijo Jaejoong agitado, había corrido desde la otra ala del castillo inmediatamente después de recibir la horrible noticia de Yunho-.

- Todos los ministros ancianos, saben que Changmin volvió solo con sus caballeros, piensan que aún no ha elegido a su prometida.

- Todos vieron llegar a Sun Ah, queríamos hacerles pensar que era ella. Lo bueno es que nunca salió de aquí así nadie la conoce. Al menos eso espero. –la dama asintió inmediatamente-.

- Es algo que tenemos de ventaja, esparciremos rumores de que efectivamente ella, con el nombre Junko se hospedó aquí hasta que su majestad llegó para llevarla del brazo cuando volviera triunfal. Todos saben de la historia de su primer encuentro.

En medio de lo terrible de la situación Junsu volvió a sentir esa sensación urente de su diamante en el abdomen. Buen recuerdo, parecía que habían transcurrido años desde aquello.

Al final y después de luchar y casi matar al pobre joven, los tres Sun Ah, Jaejoong y Heechul lograron que el corpiño cierre, así como ajustar la crinolina y colocar un vestido talla extra en el cuerpo delgado pero masculino de Junsu. El maquillaje fue tarea fácil comparada con la previa, no así colocar la peluca castaña perfectamente peinada sobre su cabeza y sujetarla para que no la pierda. Además acomodaron un hermoso velo que cubría su rostro. El vestido blanco bellísimo, con cuentas doradas delicadísimas, diamantes y rosas bordadas en plata sobre el pecho, capas y capas de tul ensanchaban la falda. Impresionados los tres y en silencio le mostraron a Junsu su propia imagen reflejada en el espejo.

Junsu abrió los ojos más grandes de lo normal. Sin lugar a dudas su imagen en el precioso vestido blanco, cubierto con tul el cuello, los hombros y brazos, con los adornos tan característicos, el velo y el peinado le hizo caer lágrimas inconscientemente. No era él mismo, sino la amada imagen de su propia madre, Ren la quinta, mil imágenes que había olvidado hace años llegaron como una avalancha a su memoria.

Recordó una pira enorme en la que se quemaban miles y miles de libros una noche de otoño cuando él a sus quince años bajaba de un campamento escondido en las montañas al otro lado de la cordillera de la Bruma Sagrada, después de un arduo entrenamiento militar y educativo, volvía convertido en un hombre como todos los guerreros y en su inocencia y egoísmo juvenil pensaba que la pira era en su honor, sin embargo al llegar los gritos de la muchedumbre eran violentos y no de júbilo, las palabras era ofensivas y no ofrecidas a él, nadie se percató de su presencia, todos en el pueblo se ocupaban en echar libros e imágenes de una mujer…

Su madre…

Se acercó apresurado y asustado. Entonces escuchó, los horrendos gritos de su madre siendo quemada viva en la ominosa pira, con un vestido blanco justo como él la recordaba: sana, hermosa, joven. Vestido que ahora estaba destruyéndose y ennegreciéndose por el humo, el dolor de ella ardió en sus propios ojos, olvidado de su reciente hombría ganada lloró mientras corría a salvar a su madre de la absurda ejecución blandiendo su espalda con torpeza, un golpe seco en su cabeza había acabado con su sufrimiento y sus recuerdos. Después de aquello, un par de semanas después en las que había tomado plena consciencia de nuevo, no recordaba el macabro episodio, su hermano se comportaba cruel como siempre, su padre estaba triste, pero solo sabía que su madre murió, cada vez que pensaba en recordar su cabeza dolía horrores y para evitar ese desequilibrio dejó de pensar, su dolor cedió con los años y se dedicó a mantenerse con vida, siendo que ahora era el heredero, su vida se volvió muy dura. Después de cinco años su padre falleció no sin antes asegurarse que sea Junsu y no Junho quien tome el trono. Su hermano se volvió aún más cruel, pero cumplió sin errores su tarea de general en jefe del ejército. Por su fiereza y determinación, juntos pudieron proteger Ameria y hacer que el reino prospere. A pesar de sus frías palabras siempre le apoyó, y le hizo ver sus errores. No lo dejó gobernar solo, por eso es que jamás tendría corazón para matarlo.

- ¡¿Junsu?!... ¡Despierta!...¡JUNSU!...

El rey había entrado en shock, y se había desmayado, por un pelo habían logrado sostener su cuerpo que de pronto se había quedado sin tono. Con un olor horrible que quemaba sus fosas nasales el rey se despertó después de unos segundos. Jaejoong sostenía el pañuelo con expresión asustada.

- ¡Ellos mataron a mi madre…! primo Jaejoong, ellos quemaron a mi madre como si hubiera sido una bruja, ella se veía exactamente como yo me veo ahora…

- ¿Pero qué dices, te has golpeado la cabeza…?

- Debo volver a Arai…

- Junsu no puedes, vas a casarte hoy…

La consciencia total volvió a sus ojos, regresó al presente, en 20 segundos, los últimos dos meses pasaron por sus recuerdos, Changmin y sus ojos, la batalla, la primera noche, la rendición, Amelia, Nívea, el asesinato, el viaje de vuelta aquí, por fin, se tranquilizó y recobró su actitud. Se puso de pie con ayuda, pidió que le arreglaran el maquillaje y caminó con toda liviandad como le había enseñado Sun Ah. Antes de salir a encontrarse con Changmin su expresión de endureció.

- Voy a vengarme de aquellos que mataron a mi madre, voy a enterarme del por qué la ejecutaron como si hubiera sido una bruja. ¡Lo juro!, por ahora, -y tornó el tono de voz en uno suave y agudo-, me convertiré en la Reina Junko de Ilani.

Miró al frente y al primer paso, le siguieron muchos otros absolutamente firmes y resonantes.
Changmin, así como el resto de soldados, que nunca vieron a Junko se quedaron anonadados cuando, por fin salió por la puerta principal, era la mujer más hermosa de cuantas estaban presentes, sino del mundo entero, al ver la reacción colectiva, se sonrojó, “Ah vaya, así que así se sienten las mujeres cuando las miramos de frente”, sonrió y todos dieron vítores de alegría y júbilo, Changmin había escogido bien a su futura esposa. Todos en el ejército creían que esta mujer a la que ahora veían era misma que le había sido ofrecida en un palanquín en la sala real del palacio de Arai en Ameria y que fue enviada unos días antes a la casa de campo. Así que nadie sospechó nada, además, al ver sus ojos inmediatamente asumieron que era hermana del caballero Kim Junsu.

El príncipe levantó su espada y todo el ejército se hincó con la rodilla izquierda, y pusieron su mano derecha sobre el pecho en señal de que le juraban a la nueva princesa, la misma lealtad que le habían jurado al príncipe Changmin, que pronto se convertiría en rey.

Engalanado con un traje bellísimo de cuero negro, algodón y adornos de dragones bordados en oro, con su armadura ligera y una gloriosa capa púrpura de ligero terciopelo, Changmin avanzó hacia Junko, le ofreció su mano y ella aceptó gustosa, con mucha gracia subieron al carro de guerra, dorado y blanco de Amelia, que les había sido entregado en señal de lealtad y agradecimiento, cubrió el rostro con el blanco velo y avanzaron. Él manejaba las riendas, y ella posaba su mano ligeramente sobre las suyas.

- Doncella…, jamás me imaginé que pudieras verte así de magnífico…-dijo Changmin mirándolo con el rabillo del ojo-.

- Sonríe y no digas estupideces, no tienes idea de cómo sufrí para quedar así de perfecto…

- Entonces tú también sonríe, esa expresión agria te daña el maquillaje.

- Solo cállate.

- No grites, habla suave y delicado…

- ¡Te odio…!

- ¡No es cierto! –y riendo picó al caballo para que fuera más rápido-.

Aluminio - Cap. 2

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Canciones para este capítulo: Zetsubou Billy de Maximum The Hormone y Run de Epik High.


La cólera primero sabe dulce, pero al final es amarga.




«Autor del delito es aquel al que beneficia».
Séneca

 

—¡Changmin, tonto! ¿Qué estás esperando? ¡Vamos!


El chico rascó su cabeza con una expresión graciosa en su rostro. Sus cálidos ojos marrones se enfocaron veloces en la infanta de cabellos negros que en ningún momento dejó de balancearse cuando ambos partieran de casa hasta llegar a orillas de la playa. 

Para su propia indignación, tampoco menguó su andar jocoso ni cuando le hablara en ese tono irrespetuoso. Changmin, aún vacilante y con la mano derecha haciendo presión en su cuello, pensó resignado que ser el hermano mayor solo era un título que únicamente los hermanos menores podían imprimirle valor porque, en vista de las razones obvias, no estaba dando la talla. Sus labios finos y agrietados se curvaron. 

Su pequeña y no tan educada hermana menor se entretuvo unos buenos segundos enterrando los pies en la fría arena y sintiendo casi de inmediato el choque sutil de los retazos que dejaban las considerables olas contra el rompeolas. A cada roce de las aguas, la niña reía encantada por ver sus pies abrazados por la espuma salada.

Soltó un suspiro caliente y distrayéndose con la simulación a pompones que hacían las coletas de su hermana So Yeon al chupetear, caminó en dirección a ella. Una nueva sonrisa se apoderó de sus facciones, tintada de genuina picardía. 

Como buen hermano mayor, no olvidó sumergirse con cautela para sorprenderla.

Con sus prematuros 10 años de vida no había muchas cosas importantes que pudiera hacer como el hombrecito de la casa, más bien se le daba excelente pasar las tardes jugando en los arrecifes —aunque su madre le riñera que no lo hiciera—, ser un estudiante ejemplar en la modesta escuela del pueblo y fastidiar de tanto en tanto a sus dos hermanitas. 

Todas aquellas cosas solo por dar un vistazo rápido, porque el intratable Kim Jaejoong se mostraba como el perfecto diario de la vida del no tan pequeño Shim Changmin. Las aventuras y peleas que libraban juntos no alcanzaban para cubrir las 24 horas del día.


—¡Changmin, no hagas eso!

—¿Por qué no me hablas con más respeto?, niña insolente. 


Changmin le miraba desafiante. 


—El número que viene antes del 10 es mi edad. No hay nada de diferencia —espetó altiva, colocando ambas manos en su cadera en completa pose de tus palabras no me importan. 

—Qué extraño hablas.    

—Y que extrañas son tus orejas.






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Rodeado de ganchos de diseños que abarcaban desde lo estrambótico hasta lo tradicional, y de longevos hombrecitos perfumados en ciruela e infusiones curativas, Changmin llevó sus manos a las orejas dejando los ojos en blanco por decimoséptima vez en lo que iba de la mañana. Las tocó lentamente, examinándolas con extremo cuidado, cual examen médico se tratase, como si temiera pulverizarlas en el acto. Se percató al instante de lo frías que estaban. De inmediato, masculló nuevas maldiciones espantando el aura de indiferencia que antes cargara. Jamás dejaría de detestar el invierno.

Sus largos dedos siguieron el masaje con curiosidad. Se sentía cómodo haciéndolo puesto que nadie se encontraba cerca de la caja de facturación. Los viejitos-hombrecillos-olorosos —como a él le gustaba llamarles— por lo general se entretenían en lo más profundo de los pocos pasillos que tenía la modesta tienda de artículos de pesca.

Si no se trataba de personas pasajeras que solo metían sus narices para entrar por entrar, entonces el lugar era visitado por clientes expertos en la materia; pescadores profesionales o novatos en busca de más carnada o queriendo renovar su repertorio de señuelos. Mayormente, era eso, pero esa sección de la tienda se ubicaba hasta el fondo, allá en lo último de los pasillos donde cualquier hedor desagradable o cadáver machucado quedara atrapado y alejado del delicioso aroma que desprendía el rebosante repertorio de golosinas expuestas a un lado de la caja registradora. 

El moreno frunció el ceño asqueado.

Aunque en su momento las palabras que utilizó cuando optó por el trabajo de cajero —algo que no exigía grandes habilidades físicas ni mentales, ideal para él— sonaron cargadas de exigencia y escasas de humildad, lo único que le pidió al dueño del local fue consideración.

El amable señor Ok no se molestó en lo absoluto, al contrario, le hizo mucha gracia que un muchacho de su edad y tamaño se mostrara tan delicado por simples pedacitos de carne. No se llevó mucho tiempo la protocolar entrevista: Changmin actuó como un joven muy impaciente y la Sra. Ok estaba encantada con el porte del aspirante.

El viejo hombre, ya achacado por las enfermedades gastrointestinales y de circulación, con una sonrisa mansa extendió los papeles pertinentes al foráneo. Le urgía alguien de manos fuertes y resistentes que hiciera todo aquello que él mismo ya no podía hacer en el negocio familiar, así que Shim encajaba para tal obligación. Con apenas dos días de prueba —cosa que Changmin condenó de innecesario— y finalmente empujado por las conspiradoras palabras de la esposa que había quedado maravillada por el chico de hermosa mirada, más temprano que tarde Changmin comenzó a ser observado por docenas de ojos plásticos que si no fuera porque necesitaba el empleo de bajo perfil, habría quemado todos los señuelos. Quizá los de diseños conservadores habrían sobrevivido. El hecho era que de su trabajo lo único que disfrutaba era molestar al señor Ok y la deliciosa comida que las habilidosas manos de la abuelita le preparaba.

No lo entendía, ¿qué tenían de malo sus orejas? Sí eran un poco más grandes que la de los demás, pero no era como si se notara mucho.


“Solo si detallas bien, bien, pero muy bien, tal vez te des cuenta de que son un poquito más grande que las del resto de los niños…”.


Los labios del chico se curvaron en un tenue tono agrio. Podía apostar toda la riqueza del mundo que si su querida So Yeon estuviera allí a su lado, luciendo un holgado vestido floreado y con una chupeta roja en su mano que seguramente le echaría en cara porque “ella era adorable y por eso la querían más que a él”, si estuviese allí con él, viva, le diría jocosa que la gente visitaba la tienda únicamente para ver sus gigantescas orejas.

Sí, no había duda de que algo parecido le diría. Y, a decir verdad, ya no alcanzaba a calcular con cuánto fervor llevaba anhelando poder escuchar sus ingeniosas palabras otra vez.

Eran pocas las ocasiones en las que recordaba a la segunda de la familia Shim, pero por mucho que la extrañaba, prefería dejar esos momentos para Morfeo. Porque dolía, le dolía en lo más hondo traerla al presente y saber que nunca volvería a verla. Ni a ella ni a la tímida de Ji Yeon.

Para su propio consuelo, trabajar allí le mantenía la cabeza ocupada. No solo necesitaba de un trabajo de bajo perfil para eclipsar y dispersar cualquier sospecha sobre su verdadero oficio. De haberlas, contaría con los sinceros testimonios de la pareja. Sin ningún problema podría argumentar que lo estaban confundiendo con otro asesino asueldo.

Pensar sobre esa situación hipotética le hacía reír. En algún punto de su ser, imaginarse estar a punto de ser atrapados por la policía le emocionaba.

¿En qué otra cosa importante podía divagar si hacía una de las peores acciones que el hombre es capaz de hacer?; matar. Sacudió sus hombros. Mejor no pensaba en nada y seguía impasible, como cada día. 

Debía concentrarse. Relajar las ansias, secuela de la noche anterior, y agradecer al santísimo porque la mañana estaba agradable; los reportes climatológicos, hasta ese momento, iban a su favor.

No obstante, por muy contradictorio que sonara, le gustaba cuando no había productos que facturar, ni ancianos sordos a los que tener que repetirles las cosas varias veces –con la sonrisa más falsa que su anatomía alcanzaba a generar– y por último pero no menos importante, cuando YoonJi no se avistaba por ningún lado. 

Esa última razón era la más gratificante. Si tenía que quedarse hasta entrada la noche para hacer el inventario, si su jefe se lastimaba la espalda y debía cargarlo escaleras arriba, arroparlo y darle un besito de buenas noches en la frente, tomar el té con la señora, bien, él lo aceptaría. Pero YoonJi representaba tantas cosas fastidiosas a la vez que todavía se sorprendía de su constancia y terquedad.

Enmarañado en sus pensamientos, notó el familiar bulto que el anciano de grandes ojos reflejaba en el ventanal de la tienda.


—Buenos días, muchacho —saludó ameno su jefe al asomar su cuerpo y topárselo tras el mostrador.

—¿Cómo amaneció, señor Ok?

—Vivo, ya ves que todavía hago falta en este plano. –El castaño sonrió entretenido. Estaba súper acostumbrado a esas contestas por parte del mayor—. Pero tú eres otra historia. ¡Mira tu cara! Así no encontrarás a una mujer para casarte. Tienes la cara de un nohmen.


Changmin levantó una ceja. Solo Dios sabía cuántos libros sobre cultura japonesa se salvaban de su hambre irrefrenable, por lo tanto, la divertida comparación lo descolocó.


—Pero esas mascaras no tienen ojeras…—rebatió seguro de que ese punto desastroso de su rostro era el que su jefe quiso resaltar.

—No, no tienen, pero terminarás igual de feo. 


Los ojos del joven se abrieron un poco más, primero, por el insulto; segundo, al ver la mano del mayor acercarse a su cara para hacer lo que siempre hacía desde que ambos se cogieran confianza: pellizcar sus mejillas. Como si con hacerlo convirtiera su sentencia en un hecho innegable.

Changmin ablandó la mirada al tiempo que soltaba un largo suspiro. No resultaba nada sencillo conciliar el sueño cuando tres de cinco sueños estaban empapados de sangre, fuego y lágrimas. Pero eso era algo que su jefe ni por asomo intuiría. Si pensaba que esas ojeras nacían de noches de intenso estudio, perfecto.


—Usted lo dice por experiencia propia, ¿no? —lanzó juguetón agarrando desprevenido a su jefe quien ya se encaminaba hacia el fondo. El señor Ok se volteó y Changmin ensanchó su sonrisa al ver el disgusto mal disimulado en el rostro del anciano.

—¡Este sinvergüenza! ¡Hay que ver!


Típica mañana en la tienda. Típica efímera conversación amistosa que desempeñaba a la perfección el papel de unas vidas comunes y corrientes topadas por el azar. Una vez Changmin se halló solo de nuevo, permitió a su subconsciente retomar el espinoso pasatiempo. Anheló que alguien, quien fuere, entrara a la tienda. Cumplir con su obligación de cajero era suficiente para esfumar los incoloros rostros de sus hermanas. Después de 14 años sin su presencia, los colores se abstenían. No conseguía recordarlas como le gustaría. Debía conformarse con las cenizas de esa última tarde cuando los conceptos de sueños, convivencia y felicidad dieron un giro radical.






~.~.~.~.~.~.~.~.~.~





Changmin ostentaba de una peculiar frase: “Todo siempre puede ser peor”. Y tras cada amanecer y anochecer, su pensar se reafirmaba. Es decir, por supuesto que los acontecimientos de tu vida, sean cuales sean, posiblemente pudieran rozar lo repugnante e infrahumano. En lugar de tener de jefes al viejo Ok y su dulce esposa, podría ser un militar con ínfulas de supremo que exige alabancia absoluta, y su mujer una señora golosa con preferencia por los jovencitos. En lugar de nacer en la República de Corea, ser de los hermanos del norte. Que Jaejoong no fuese parte de su vida y haber muerto mucho antes. En el fondo de su corazón estaba seguro de que de no haber contado con su amigo en aquellos tiempos oscuros, el punto y final de su historia ya habría dado su trazo.

Pero por encima de cualquier otra cosa, Yoon Ji podría estar de visita en el local, y definitivamente eso catalogaba como peor. El moreno esperaba que lo dócil del clima fuese un presagio y la chica se hubiese etiquetado un descanso de las visitas diarias y, por el amor a los dioses, no le diera más lata. No haberla soportado viernes ni sábado lo esperanzaba bastante.

Tal vez lo suplantó con otro infortunado chico, se hartó de recibir puros desplantes de su parte y entendió que su atosigamiento, además de avergonzarla a ella, le jodía la vida a él. No existía razón alguna para que Changmin tolerara el amor empedernido que Yoon Ji le profesaba.

Sí, quizá los 16 años de vida comenzaban a hacer sus respectivos efectos y la joven comprendía la situación. El castaño sería más feliz sin taras revoloteándole alrededor chillando el mismo rosario de siempre, jalando de sus ropas y haciéndole regalos que lo comprometían a un nivel peligroso: Shim Changmin, 25 años de edad, aparentemente universitario; Kim Yoon Ji, 16 años, estudiante de secundaria, aparentemente virginal e inocente. Mala, mala combinación. Y si Ok llegaba siquiera a olfatear la extraña relación de ambos, aunque no fuese una, adiós a los espantosos señuelos e inquietantes anzuelos. 

No obstante, cuando se disponía a saludar al cliente que recién entraba y vio su cachetona cara, con esos menudos ojitos centellantes y ese uniforme escolar eternamente tatuado en su memoria, se tragó las palabras de bienvenida y recitó en su mente la frase cual mantra: “Todo siempre puede ser peor. Míralo desde este ángulo, Changmin, podría tener una gemela”.


¡Oppa! ¡Estoy aquí!


“Si me pongo esta revista de pesca en la cara, evitaré mirarla, pero aún puedo escucharla. Mierda”. 


¡Oppa! ¡Qué malo, deja de ignorarme! He venido a visitarte.


La voz estridente de la adolescente seguramente no solo había terminado de espabilar al moreno, sino también a todo ser viviente a 50 metros a la redonda. Antes de enfrentar a lo que la vida había dispuesto para él, Shim le preguntó al cielo si Yoon Ji representaba, por los crímenes cometidos, al verdugo, al juicio final y al sepulturero en un mismo cuerpo. Pero como de costumbre, no hubo voz celestial —ni de ultratumba—, nada de una luz cegadora, tampoco aparecían cámaras escondidas.

Yoon Ji había aparecido. Como cada día.

Resignado, dejó caer sobre el mostrador la edición de esa semana de Glass Sports. La jovencita vestía su uniforme de falda gris arriba de las rodillas y chaqueta marrón. Una pinza le sostenía la pollina hacia el lado izquierda de su cara. Las largas medias negras escondían gran parte de sus pálidas piernas, más unos zapatos escolares propios del atuendo. La intensidad de su sonrisa le alarmó.


¡Oppa! No sabes lo que te he extrañado. Discúlpame por no visitarte el fin de semana pasado. Nos fue de maravilla en el campeonato de voleibol y tuvimos que quedarnos para un agasajo.


En medio de un bamboleo que a Shim se le hizo ridículo y le dio pena ajena, la expuberta soltaba su verborrea tan resuelta y cómoda como ya lo tenía acostumbrado. Al principio, cuando Yoon  Ji se adentró en el local con la excusa de comprar dulces y crucigramas, la vio como una clienta que al minuto de irse, olvidaría. Dadas las razones obvias, la chica estaba dispuesta a ser inolvidable y marcar la vida del moreno hasta lo que le diera.


—No me digas, ¿ganaron? —preguntó adoptando su posición habitual para aguantar y mostrar la nula atención que pondría a la inevitable conversa; un brazo en el mostrador y el otro apoyado con el codo y soportando su cabeza con la mano.


No se trataba de cortesía, mucho menos interés o curiosidad, pero sin personas a quienes atender, no quedaba más qué hacer. Y por ningún motivo desaparecer su cuerpo era una opción… tampoco es que tuviese el corazón tan negro ni tanto estómago.


—¡Sí, oppa! Y el triunfo te lo dediqué. —Contra su propia naturaleza, Yoon Ji detuvo su relato por microsegundos al ver como la postura parsimoniosa del mayor se estremecía con un leve escalofrío y abría bien grande los ojos—. No sabes lo rápido que latía mi corazón cuando tenía el micrófono en mis manos. Los flashes de las cámaras eran muy fuertes, pero respiré profundo, tomé coraje pensando en ti y el público entero logró escuchar cómo te dedicaba la victoria y el remate de la victoria.


Changmin debía saberlo, a esas alturas no podía bajar la guardia con esa chica.


—¡Niña tonta! —gritó con el carmín estallando en sus pómulos, y no precisamente por conmoverse con semejante revelación—. ¿Qué hiciste? ¡Demonios, qué voy a hacer contigo! ¡No me metas en tus asuntos!


La jovencita no cabía en su gozo. Luego de un año conociéndole —o tratando de meterse a juro en su vida—, Yoon Ji podía afirmar que por muy áspero y hostil que el moreno se quisiera mostrar con ella, era un hombre sensible, fácil de perturbar. Además que verlo turbado le hacía mucha gracia.


—¡Ay, oppa! Podemos hacer tantas cosas juntos, pero tú nunca quieres salir conmigo. –Y rió encantada, pero al recomponerse y encontrarse con un Changmin con cara de indigestión, se apresuró a hablar—. ¿Qué? ¿Qué dije? ¿Por qué me miras de esa manera? –Contrajo el rostro en sorpresa—. Changmin-oppa, pervertido. Yo no me refería a ese tipo de actividades.

—¿Qué es esa bulla? ¡Changmin, Changmin!


La rasposa voz venía desde el fondo. Al cabo de unos segundos, el ahjusshi salió azorado de uno de los pasillos y sosteniéndose los anteojos.


—¡Pero si es la linda de YoonJi! ¿Ves, Changmin? ¡Es la linda de YoonJi! ¿Qué haces por aquí? ¿Cómo está tu abuelo?


A la fecha, Changmin no se explicaba por qué la mirada del viejo se iluminaba cuando la chica revoloteaba cerca. Durante los tres años que llevaba trabajando para él, ni una sola vez lo había pillado envuelto en ondas libidinosas o con actitudes malintencionadas para con las visitantes. Tampoco en las ocasiones cuando le tocó acompañarlo a competiciones deportivas para promocionar la tienda o de visita en el mercado de la ciudad a comprar cualquier cosa. No se trataba de añoranza por los hijos puesto que sus tres descendientes le rondaban regularmente y estaban al tanto de ambos.

El joven, en vista del desborde de emoción, pensó en asentir y pretender que le interesaba la intrusa, pero más pronto que tarde descartó la idea.


—Por los preparativos del festival estamos saliendo antes de clases. Como presidenta del comité organizador y jefa de logística…

—¡Oh, oh, oh! ¡Qué tenemos aquí! Una chica muy trabajadora y entusiasta.

—Mi abuelo lo espera a las 3 para un partido de damas chinas —comentó la chica tras una risita apenada.

—Sí, sí. Algo así me había comentado la señora Kang en el mercado.


La joven asintió complacida por cumplir con la segunda razón para visitar la tienda; hacer de mensajera de su abuelo.


—Changmin, sé amable con esta bella jovencita. Me voy para el congelador.

—Descuide.


Yoon Ji no perdió ni medio segundo en posar sus orbes sobre Changmin en cuanto el anciano hizo el amago de irse. Le encantaba observarlo, sin importa cuán antipático fuese con ella, había una especie de imán que siempre la hacía volver.


—Oye, cara de zorrillo, ¿por qué mejor no te vas a acosar a alguien de tu edad? —y sus insultos nunca conseguían lastimarle. Algo le decía, le juraba que solo era de dientes para afuera.

—¡Ay, oppa! ¿Sigues preguntando eso? —soltó risueña explayándose sobre el mostrador.


Changmin suspiró al tiempo que se echaba un poquito hacía atrás. Cualquier contacto debía ser evitado, las estadísticas por acoso sexual y violencia de género habían cobrado gran importancia en la agenda pública de denuncias en los últimos meses.


—Yo sé que no estás haciendo nada de ese tal festival.

—Te diré, te diré. Es cierto que escapé del instituto —confesó en un susurro—, pero también es cierto que soy presidenta del comité. Además, te he dicho incontables veces que allá no hay chicos tan atractivos e interesantes como tú.

—Ya veo… y te fijaste en el chico que trabaja en una tienda de artículos de pesca. No hay nada más cool y atractivo que estar rodeado de cañas de pescar y sombreros tontos.

—¡Oppa, tú eres la luz de este sitio!





~.~.~.~.~.~.~.~.~.~




—¿Sabes las edades?


Zul, a pesar de sus años en el deshonroso mundo de la muerte por encargo, conservaba sensibilidad, instinto paternal y decoro. Por poseer tales signos de humanidad sabía que, sin importar lo que dijera, en los siguientes minutos Jaejoong se la pasaría mal.

Devolvió reticente la vista a su subordinado.

 
—Sora se interesó mucho en el caso –empezó a explicar aceptando que no había vuelta atrás, el menor no se iría sin saber los pormenores del encargo de ayer–. Me imagino que su lado materno se conmovió —dijo con pesar en sus palabras—. La mayoría de esos chicos provenían de madres drogadictas o prostitutas que no los tenían registrados en la escuela. Esos niños apenas saben construir una oración decente. –Zul notó una ligera turbación en la mandíbula de Jaejoong. Le escuchaba con suma atención–. Las edades van entre los 9 y los 14 años.


Se produjo un silencio sepulcral. Sí, Jaejoong estaba impresionado. Niños, de nuevo el destino le escupía en la cara las atrocidades de este mundo. ¿Por qué ellos?, se preguntaba cada que la razón de sus acciones en la organización eran acondicionadas por infantes.


—¿Los enviarán a orfanatos? –soltó con un semblante de esfinge, pero la angustia en su voz fue evidente.

—Tranquilízate, Jae. Estos eventos son muy extraños hoy en día, pero solo porque el gobierno se ha encargado de meter sus manos en los medios. Son pocos los que buscan comunicar la verdad real. Ya verás como maquillarán la noticia: de 20 niños lo rebajarán a cinco, o dirán que se trataba de un foco de narcotraficantes. Ellos son incapaces de hacer quedar mal a Ban Ki Moon.

—Los mayores ansiarán vengarse, de la misma forma en la que yo lo deseé.

—Esta situación no es igual a la que tú y Min sufrieron hace 14 años. Además, ahora hay más periodistas, más mirones haciendo preguntas, internet. Me sorprende mucho el hermetismo que existe con algunas noticias que podrían mal poner al gobierno —chasqueó la lengua—. Es que en esta sociedad de hoy donde hasta el perro de la casa tiene una cuenta de red social… 

—Si no dispones de más información sobre el caso, me retiro —cortó Jaejoong levantándose del sillón de cuero negro. Zul lo observó curioso, suspiró.

—¿Quieres que te tenga al tanto?

—Todo lo que les suceda a esos niños.


Rehuyó la mirada de su hyung al tiempo que se inclinaba, sin importar cuan enojado y cabreado se sintiera, el respecto que sentía por Zul como jefe de la organización se mantenía intacto. Se irguió en segundos dispuesto a irse de ahí lo más pronto posible.

Necesitaba irse, estar en ese lugar lo lastimaba, cada sentencia de Zul alimentaba sus deseos de ir a la morgue y destazar al maldito de Park Mu Joong, claro, sin obviar al cliente que pagara por querer muerto al político. ¿Por qué el humano era así? ¿Por qué? Se preguntaba una y otra vez. 






~.~.~.~.~.~.~.~.~.~







—Cuando el sujeto nos explicó sus razones para querer muerto a Park, Sora perdió los estribos e inició la investigación esa misma tarde. El cliente estaba hasta el cuello con los prestamistas. De alguna forma Park lo supo y le ofreció pagar sus deudas.

—¿Qué le pidió a cambio?

—Lo único a lo que le podía sacar provecho a un padre soltero sin donde caerse muerto —Jaejoong afiló su mirada entendiendo al tiro—. Park recogió al niño al día siguiente. Me gustaría tener la certeza de que en su primer día no le tocó sufrir humillaciones…

—¿Pederastas? —Jaejoong podía poner las manos en el fuego jurando que sí, claro que ese fue el destino del hijo del cliente, tan maldito como el mismo Park. 


Zul exhaló.


—Diez estaban destinados a complacer las fantasías sexuales de depravados o depravadas dispuestos a pagar 300 mil wons la hora, los otros diez trabajaban  para pornografía infantil.

—¡Maldita sea! ¡Le hubiese roto las piernas a ese hijo de puta! ¿Por qué no me dijiste nada de esto? —Jaejoong sentía que la bilis ascendía por su garganta, vomitaría del coraje. 

—Por la misma razón por la que es Changmin el encargado de recibir los informes y no tú. Lástima que no pudo venir hoy y tuviste que darte el gustazo. 

—¡Es que ese desgraciado merecía sufrir! A diferencia de esos niños, ¡él no sintió ni cosquillas!

—Así es mejor, Jaejoong —concilió el mayor. Le daba mucha pena ver a su pupilo tan afectado.

—¡Mejor tu culo, Zul! ¡Coño!

—Park sí pagó por sus crímenes...


Los grandes ojos de Kim se clavaron en el hombre frente a él. Su respiración antes errática, se detuvo por segundos sospechando lo peor. ¿Abandonas a tu hijo a la suerte y luego delatas al desgraciado que te saca las patas del barro? No entendía. ¿En qué retorcido punto Park pagó por ser un maldito? 


—A Park se le devolvió. Hace días un hacker le envió fotos de su hija menor, ya te imaginarás en qué situación.

—No estoy captando, Park era el traficante de niños, ¿cómo es que...

—Esos detalles no importan ahora, Jaejoong, el daño está hecho. Lo viste  morir, lo tuviste entre tus manos rogando por su vida —el catire viró los ojos fastidiado— ¿O no fue de esa manera? —Silencio—. Y no me lo ha contado Min o Sora, sé que fue así, te conozco. 

—¡Jódete, Zul! Ambos, cliente y Park merecen morir como las basuras que son. Park está más que listo, el otro...

—El trabajo está hecho. Sabes perfectamente que no podemos hacer nada. 

—Por el pasado de esos niños, nada, por su futuro, mucho.



Jaejoong pateó con fuerza la pared a su lado. A veces solo quería olvidarse de todo, dejar de hacer lo que había escogido como oficio y no tener nada que ver en ese mundo de infamias, ¿pero quién entonces daría la cara por los más vulnerables dentro de esa red de trampas y egoísmos? Si no era prostitución infantil, era trata de blancas, si no tráfico de drogas con infantes como mula. En el fondo prefería que le asignaran los trabajos relacionados con el tráfico de armas y el sicariato común.



No importa cuánto corra, no puedo escapar.
Si miro atrás mientras corro, tú sigues ahí.


—Pero si yo no me encargo, ¿quién entonces?


La posibilidad de crímenes impunes pesaba sobre su propio bienestar emocional. Él seguiría y seguiría aceptando cada encomienda, su corazón y mente se podían ir al diablo, había perdido tanto que no importaba cuántas armas tuviese que accionar, continuaría con tal de proteger a esos niños y mujeres, hasta consumar su venganza.



Soy el único que cojea de ambas piernas.
El camino que debo recorrer es interminable.


Caminaba parsimonioso por las calles de Seúl. Luego de la reunión con su superior, no se le antojó tomar el metro. Caminar le ayudaba a despejar sus pensamientos, a drenar malas emociones, llorar en silencio.

Desde hacía años había perdido la fe en la policía de su país. Sí, los índices de impunidad eran bajísimos, ¿pero cómo se explicaba que todavía, después de 14 largos años, aún no sabía qué rayos había pasado en su pueblo natal? Nada, mutismo, ni una palabra. Nadie nunca se interesó por ellos.


¿Qué hay al final de este camino?
(¿vas allí sabiéndolo?)
¿Obtendré respuestas si voy con los ojos cerrados?


Minutos después, el cuerpo de Jaejoong era abrazado por el mandil aguamarina de la librería. Volvía a su rutina de surcoreano promedio, de estilo extravagante y carrera universitaria complicada.


—Buenas tardes, compraré este libro.


Kim esbozó una sonrisa en señal de respuesta. El jovencito se sorprendió por la belleza del empleado de la librería, ahora magnificada por la curvatura de sus labios. Nunca lo había visto sonreír en las ocasiones que visitaba la tienda.


—¿Es para ti o lo regalarás? ¿Quieres que lo envuelva? —preguntó cortés tomando el libro para facturarlo.

—¡Oh, no, no es necesario! Es para mí —explicó el adolescente de tez oscura entregándole 22 wons.

—La envoltura es un gesto amable hacia nuestros clientes —aclaró Jaejoong recibiendo el dinero. Guardó el libro de fotografía en una bolsita plástica del mismo color de su delantal y se la entregó al joven junto a la factura.

—Entiendo. Muchas gracias


Tras una venia, el jovencito le dedicó una pequeña sonrisa a Jaejoong y salió de la tienda. Jaejoong sintió cierta ternura por el chico, para él fue evidente su asombro al sonreírle. ¿Acaso compró aquel libro de fotografía porque su sueño era ser fotógrafo? Posiblemente. Y así de inocentes y llenos de convicción deseaba ver a cada uno de los niños que salvaba gracias a su labor entre las sombras y la sangre.


Mi vida es una tormentosa noche de 365 días.
Un corazón que se hace más pequeño cada 24 horas.


Tarde, Zul había llegado tarde a su vida y a la de Changmin, ambos pasaron mucho trabajo y penurias antes de conocer a quien desempeñaría el papel de padre para los dos. Él, Kim Jaejoong, haría todo lo que estuviera en sus manos para acortar el sufrimiento de cualquiera que viviera lo que él vivió.


¿Hacia qué estoy corriendo?
¿Es la puesta del sol?
¿Estoy perdiendo?
No lo sé, pero voy. Sigo corriendo, corriendo, corriendo alto.
Soy una joven estrella abandonada por esta enorme galaxia.


Suspiró, le cansaba recordar. Así que tomó asiento tras el mostrador y agarró una agenda mediana de tapa dura y marrón. Anotó fecha, título y nombre del autor del libro que acababa de vender, más el precio y el aspecto del comprador. Al dueño de la tienda le gustaba llevar una contabilidad aparte personalizada para él: “De esta forma es más fácil y rápido para mí saber cuáles son las tendencias del momento, muchacho”, le explicó una tarde que el rubio no se resistió a preguntar.   





No importa cuánto corra, sigo en el mismo sitio.





~.~.~.~.~.~.~.~.~.~






—Si no dispones de más información sobre el caso, me retiro —cortó Jaejoong levantándose del sillón de cuero negro. Zul lo observó curioso, suspiró. 

—¿Quieres que te tenga al tanto?

—Todo lo que les suceda a esos niños.

—De acuerdo. Jaejoong —le llamó imperativo. 


El aludido se detuvo. Intuía de qué iba ese tono autoritario. Durante toda la reunión, un sobre marrón había estado adornando la modesta mesa de madera frente a él y que en ningún momento hizo el amago de abrir.  Zul lo tomó.


—Jaejoong, sabes que te quiero como si fueras un hijo para mí. Me preocupo, me preocupas —puntualizó advirtiendo un poco de altanería en el gesto con la boca que acababa de hacer el menor. Realmente estaba imposible—. Toma —aún no muy convencido, Jaejoong agarró el sobre—. Me tomé la libertad de investigar un poco por ti y encontré una estupenda escuela de hapkido cerca de tu trabajo.


Jaejoong lo observó con extrañeza.


—¿Qué pretendes con esto? —demandó leyendo por encima la hoja que contenía información sobre la escuela. 

—Ofrecerte un lugar donde te oxigenes, estás hecho un despojo. 

—Tsk. 

—Tómate las cosas con calma, ¿si? Ni tú acabarás con todo el mal del planeta ni vivirás eternamente para intentarlo, así que recuerda que tienes una vida que vivir. Despéjate, relájate. 

—No tengo tiempo para estas cosas, Zul.


Jaejoong guardó de nueva cuenta la hoja en el sobre y lo colocó en la mesa. Zul llevaba meses tratando de que practicara algún deporte, manualidades, hasta salas de lectura, buscando distraerlo y darle periodos de cero estrés durante la semana. Pero no tomaría “descansos” innecesarios. Si quisiera hacer ocio, leería sus novelas policiacas que tanto le gustaban y acariciaría a su gato Jiji.


—Bueno, entonces te ordeno inscribirte en esa escuela de hapkido, Kim Jaejoong. 

—Vamos, Zul, no soy ningún niño. Déjate de tonterías.





~.~.~.~.~.~.~.~.~.~





—Conque esta es la famosa escuela de hapkido.


Kim exhaló profundo bajo su bufanda vinotinto. A pesar de transitar con regularidad por esa calle, jamás notó el gran pendón azul rey con letras blancas colgado desde lo alto de uno de los pilares de la entrada de la escuela. ¿De verdad le daría el gusto a Zul y lo haría? Físicamente no lo necesitaba, se alimentaba bien y se ejercitaba a diario, con el detalle que lo hacía a solas, y era precisamente eso lo que Zul pretendía combatir.


—Tsk, Zul preocupado de que socialice a mi edad, menuda idiotez.


Lo detestaba, detestaba las imposiciones. Consideraba que ya había tolerado suficientes en sus 27 años de edad, no le hacía falta ninguna otra, pero entendía el punto de su superior, de su jefe, de su protector, pero sobre todo, de su amigo, cuestión de la que no podía jactarse de tener muchos. La vida no se lo permitió, y las pocas personas que en algún momento dado decidieron acercarse a él, con el tiempo desistían de penetrar la gruesa coraza que Kim había levantado.


“Alguien que vive de matar no necesita amigos, solo estorbarían”, le gritó una vez a su único amigo, Shim Changmin.


Cinco días habían pasado desde la propuesta-orden de Zul. Cinco días le costó decidirse por fin dirigirse a la dirección plasmada en la planilla de inscripción que amistosamente su hyung llenó. Sonrió con sorna cuando vio los vouchers; tendría que asistir por los próximos tres meses, no había réplica que valiera.

Si era sincero, fue su testarudo dongsaeng  quien lo terminó de convencer. A Changmin le encantó tanto la idea, que atizó a proponer un día de compra de ropa deportiva. A Jaejoong le hizo mucha gracia su emoción. Finalmente cedió. ¿Daba tanta lástima que sus seres cercanos recurrían a trucos para que él se distrajera? Entonces debía estar muy grave, y ni se daba por enterado.


“Supongo que esta vez te haré caso, hyung”.


Desde su ubicación al otro lado de la calle, disfrutaba de una vista panorámica del interior de la escuela. Ninguna reja obstaculizaba la vista hacia adentro y podía ver sin problema a los jóvenes calentando en el patio. En su mayoría, se trataba de adultos pasados los 25 años, presumió usándose como punto de referencia. El lugar desprendía una energía estimulante y hasta motivadora. Quizá había tomado una buena decisión.

El bullicio entre los alumnos se aplacó en cuanto un hombre abrió de par en par las puertas de madera del dochang*. Inmediatamente los practicantes se formaron y mostraron respecto al hombre fornido que les sonreía altivo a todos.


“Ese debe ser el maestro”, infirió Jaejoong al notar el inconfundible cinturón color negro sobre su impecable dobok*. 


Absorto en las personas dentro de la escuela, Jaejoong no se percató de la presencia de un motorizado que aparcaba frente a la escuela. Una vez apagó la moto, el sujeto se bajó y se quitó el casco, con la mala suerte de que al bajarse, varias cosas dentro de su morral cruzado se cayeron al suelo, entre ellas, un sobre lleno de fotografías reveladas. 

La exclamación de disgusto por parte del extraño lo advirtió de su presencia. Casi por acto reflejo, llevó sus ojos hacia aquellas fotos que con cierto desespero recogía el sujeto, temeroso de que se ensuciaran. Le vio levantarse con ellas en sus manos y sonreír satisfecho al comprobar que seguían perfectas. Jaejoong quedó fascinado con su sonrisa, fue entonces cuando el motorizado lo notó a él. Se quitó los lentes de sol y le miró directo a sus orbes negras.


“Vaya, hermosa sonrisa y hermosos ojos”, pensó Jaejoong escondiendo una sonrisa traviesa tras su bufanda.


El extraño no dejaba de verle, y Jaejoong no cortaba el contacto. Al cabo de unos segundos, el chico de hermosa sonrisa se inclinó en son de saludo, a lo cual Kim no respondió.


“Será otro día, Escuela de Hapkido Jung”, sentenció Jaejoong regresando sobre sus pasos hacia la librería.





~.~.~.~.Fin del capítulo.~.~.~.~




  • El actor Kim Chang Wan (Coffee Prince) da vida al simpático personaje del señor Ok.
  • La actriz Jung So Min es quien personifica a la traviesa Yoon Ji. Prácticamente me basé en su apariencia en el drama Playful Kiss para la construcción de su personaje. 
  • La traducción de Run la tomé prestada de http://www.girigiritv.blogspot.com Gracias por su trabajo :D.


Our World

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Título: “Our World”
Autor: All Miel
Pareja: MinJae.
Género: Slash, Lemon, Romance, AU.
Extensión: Serial. 
Estado: Proceso.
Reseña: Sus mundos eran totalmente diferentes, sus familias y amigos no entendían su relación, pero lo que sentían el uno por el otro, era más fuerte que todo lo demás. Lo que no sabían, es si esto sería suficiente para estar juntos.
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Our World - Cap. 1

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Fe.

–Muy bien… mira a tu izquierda, perfecto, levanta un poco la mano derecha, así… ok… muy bien, quédate así, perfecto…

Jaejoong hacía sin demora y a la perfección todo lo que le pedía el fotógrafo.

Llevaba bastante tiempo en el medio y este era uno de los muchos trabajos agendados que tenía en esta temporada. Debido a su apariencia y talento, era uno de los modelos más cotizados en la industria. Estaba en su peak y tenía que sacarle provecho, ya que su carrera se caracterizaba por ser muy breve.

–Muy bien Jaejoong… ya terminamos. –Le dice el fotógrafo con una sonrisa y evidente admiración en sus ojos.

No iba a ser ni la primera ni la última vez que los fotógrafos lo miran de esa forma, algunos con cierta lujuria que en ocasiones lo lograba incomodar, sobre todo en sus primeros años, pero con el tiempo ya estaba acostumbrado y terminaba respondiendo con una sonrisa lo más educada y profesional posible.

Cuando el fotógrafo se le acercó, Jaejoong le dio la mano y se despidió rápidamente, antes de que lo otro lo invitara a algún lado, que estaba seguro era su intención.

Cuando nota a su amigo y colega dirigirle una mirada desaprobatoria, Jaejoong sólo sonríe y se dirige a los camerinos para cambiarse de ropa. En cuanto Junsu lo alcanza, le dice.

–No entiendo porque no sales con él, te quiere invitar desde hace tiempo, ¿recuerdas que ya habías trabajado con él?

–¿Qué, no entiendes?, ya estoy saliendo con alguien.

–Yo no llamaría a lo que tienes con ese sujeto, salir precisamente.

Jaejoong rueda los ojos antes de contestar, sabía que su amigo no aprobaba su relación con su novio, creía que no lo apreciaba lo suficiente.

–Es mi novio. Aunque no te caiga bien, sabes que lo quiero, no sé cuántas veces te lo tengo que decir.

–Pero es que… –Junsu se queda callado de repente. –¿Hace cuánto que no lo ves?

Jaejoong no tiene que pensarlo, cuenta los días cuando están separados por tanto tiempo.

–Hace un mes, pero sabes que es por trabajo, él está en Jeju, trabajando en un proyecto muy importante y yo volví de Japón hace unos días. Además, hablamos todos los días por teléfono y…

–Jae, no es necesario que me des excusas, lo cierto es que ustedes no tienen nada en común, porque no terminas con eso y conoces a alguien del medio.

–Será porque el medio está muy corrompido, aquí todos se han metido con todos, y sabes que yo no soy así.

–Siempre hay excepciones como Seung.

–¿Quien?

–El fotógrafo, no te hagas el tonto.

–No sabía cómo se llamaba, no te enojes.

–Tú me enojas.

Jaejoong sabía que su amigo estaba preocupado por él, lo había visto melancólico y extrañando a su novio más de una vez, pero que podía hacer, Changmin había robado su corazón y él no había puesto resistencia, era su novio y aunque por sus trabajos no se vieran tan seguido, él tomaría lo que el otro le diera.

–No te enojes, cuando Changmin termine con su proyecto, nos tomaremos unas vacaciones.

–¿Sabes?, no quiero saber, sólo no quiero verte triste otra vez, porque lo extrañas mucho.

–Está bien, cuando esté triste no me acercaré a ti.

–No es lo que quiero decir, sabes que puedes contar conmigo para lo que sea. –Le dice Junsu serio.

–Lo sé. –Le dice Jaejoong sonriendo.

–Sólo quiero verte feliz.

–Lo soy, te lo prometo, soy muy feliz con Changmin.

Junsu lo queda mirando, no hay duda que su amigo es feliz con su novio, pero el otro hombre era tan introvertido y serio, que Junsu no entendía que le veía su amigo. Era atractivo, de eso no hay duda, pero ellos eran tan diferentes, no sólo en personalidades, sino también a lo que se dedicaban.

Changmin era un científico, trabajaba en un laboratorio y cada cierto tiempo se encerraba en ese lugar y se olvidaba del mundo y por supuesto de su amigo. Eso es lo que no podía entender Junsu, como su amigo toleraba ese trato. En ocasiones, ni siquiera le atendía las llamadas y cuando Jaejoong se desahogaba con él, se moría de ganas de decirle que lo dejara, pero su amigo estaba completa y absurdamente enamorado y Junsu tenía que aceptarlo.

–Está bien, vamos a comer algo mejor, que muero de hambre.

–Ok. –Le dice Jaejoong sonriendo otra vez.

*

–¿Por qué no vas a descansar ahora?, buen trabajo el de hoy. –Le dice uno de los jefes de Changmin, en el lobby del hotel.

Habían tenido una cena de negocios, con algunos representantes de la compañía que los iba a financiaren el siguiente proyecto y todo había resultado como lo planearon.

–Gracias. –Contesta Changmin con una sonrisa y una inclinación.

Había sido un día agotador y necesitaba un descanso. Cuando llega a su habitación, lo primero que hace es encender su celular, ya que lo tuvo que apagar por la cena-reunión a la que tuvo que asistir. Ve cinco llamadas perdidas de la misma persona. Con una sonrisa marca el número y se empieza a quitar la ropa, comenzando por la corbata.

–Minnie. –Lo saludan del otro lado de la línea.

–Te dije que no me digas así. –Le contesta, de todas formas sonriendo.

–Minnie, te extraño. –Le dice su novio ignorando su reclamo.

Changmin ríe. –Yo también, pero pronto nos veremos.

–¿De verdad?, ¿cuándo? –Le pregunta Jaejoong emocionado y Changmin siente su corazón derretirse al escuchar claramente la alegría y esperanza del otro.

–No lo sé exactamente, pero ya terminamos con las reuniones y nos fue muy bien, ahora sólo queda esperar una respuesta y regresaremos.

–Mmmm…

Changmin se puede imaginar el puchero que el otro está haciendo. –Será pronto, te lo prometo.

–Está bien… –Dice Jaejoong aún decepcionado, esperaba otra respuesta.

–Bebé, no te pongas así, ya te dije que será pronto.

Jaejoong sonríe, le gusta cuando Changmin lo llama así. Lo hacía sentir muy especial, sobre todo porque Changmin podía ser muy frío con los extraños e incluso con sus amigos, pero con él todo era distinto, sentía que era el único que lo conocía de verdad.

–Minnie…

–¿Qué?

–Mañana, ya será un mes que no nos vemos.

–¿Un mes?, ha parecido un año.

Changmin puede escuchar la risilla del otro y él no puede evitar reír también.

–Puedes ser tan cursi a veces. –Le dice Jaejoong, evidentemente complacido con la cursilería de su novio.

–Es tu culpa, amor.

–Dime así otra vez.

–Sólo si tú también lo dices.

–Amor, te extraño. –Le dice Jaejoong suspirando.

–Yo también, mi amor. –Changmin vuelve a sentir la misma risilla, se puede imaginar el sonrojo del otro, era tan adorable cuando se sonrojaba por sus palabras.

–Minnie.

–¿Qué?

–¿Qué estás haciendo?

–Me estoy cambiando de ropa, acabo de volver de la cena con los inversionistas.

–¿Estás… desnudo?

Changmin se ríe, ya sabía lo que quería su novio. –Aún no, tengo el bóxer puesto.

–Mmmm…

Changmin ríe. –¿Estás solo?

–Sí, ya estoy en mi casa.

–Entonces cuelga.

A Jaejoong no se lo tienen que pedir dos veces, cuelga y abre el programa para realizar la video llamada. Changmin contesta de inmediato, ya estaba tendido en su cama.

Lo primero que ve es la hermosa sonrisa de su novio y como le lanza un beso, él se lo devuelve.

–Ya sabes lo que tienes que hacer. –Le dice con tono de orden.

A Jaejoong le encantaba cuando Changmin se colocaba en ese plan, que era la mayoría de las veces que tenían sexo a larga distancia.

–No sé qué tengo que hacer. –Le contesta Jaejoong sin borrar su sonrisa, fingiendo inocencia y sonríe aún más ampliamente cuando ve como Changmin se acerca a la pantalla y le da estrictas instrucciones de lo que tiene que hacer.

*

–¿Y esa sonrisa? –Le pregunta Junsu al día siguiente.

–¿Cuál sonrisa?

–Has estado con una sonrisa tonta toda la mañana, ¿qué pasó ayer?

–Creo que no quieres saber.

Por la imaginación de Junsu pasó por un momento la imagen de Jaejoong con alguien que no es su novio, pero la borra de inmediato, eso era imposible, así que le quedaba una sola explicación y sólo puede exclamar.

–Pfff… no entiendo como lo puedes hacer.

–Es muy sencillo, lo hacemos por video llamada, no sólo por teléfono.

–Una vez lo intenté y no podía parar de reír.

Jaejoong se ríe fuerte. –Lo que pasa es que no lo hiciste con quien amas.

–¿Eso hace alguna diferencia?

–Toda. –Le contesta Jaejoong sin borrar su sonrisa, una sonrisa que escondía muchas cosas y Junsu le creyó, tenía que ser que todo mejoraba si lo hacías con la persona correcta.

Junsu no puede evitar sonreír con la felicidad de su amigo, quizás después de todo, el otro hombre no era tan malo.

Son interrumpidos por alguien del staff que les dice que ya tienen que iniciar la sesión, rápidamente asienten y se dirigen a trabajar.

*

–¿En serio? –Pregunta Changmin incrédulo.

–Así es, no es necesario que te quedes, ya hiciste tu trabajo y muy bien, por cierto. –Le dice uno de sus jefes.

–Muchas gracias.

–O también puedes quedarte y pasear, pero lo cierto es que ya no tienes más trabajo por aquí.

Changmin vuelve a agradecerle, diciéndole que tiene que irse y luego de recibir una palmada en la espalda se dirige rápidamente a su habitación.

Si tomaba un avión de inmediato, llegaría temprano y podría sorprender a Jaejoong, más feliz que en mucho tiempo, se dirige hacia el aeropuerto como si estuviera atrasado para tomar su vuelo.

*

–No creo, estoy muy cansado. –Dice Jaejoong, estirando sus brazos, como para dar más énfasis a lo que acaba de decir.

–Quédate sólo un momento, es una pequeña celebración por finalizar el trabajo, van a ir todos los del staff, sería muy grosero que uno de los modelos no fuera.

Jaejoong lo piensa y su amigo tiene razón, siempre se realizaba una celebración cuando terminaban un proyecto y como cortesía debía asistir.

–Tienes razón, vamos entonces. –Dice aguantando un bostezo, la verdad es que estaba muy cansado, ayer durmió muy poco por culpa de su actividad nocturna a través del celular con Changmin, al recordarlo Jaejoong vuelve a sonreír y no puede borrar su sonrisa, tal como le recuerda Junsu cada cinco segundos.

*

Changmin llegó temprano a la casa de Jaejoong. Agradeció que pudo tomar el siguiente vuelo a Seúl y consideró ir a su departamento primero, pero recordó que debía tener ropa en la casa de Jaejoong y optó por ir directo a la casa de su novio. También consideró si cocinar o pedir algo de comer, aunque no era tan experto, igual sabía preparar algunas cosas, por lo que se decidió por esto último, ya que sería más especial y Jaejoong agradecía esos detalles.

Sin demora luego de una ducha, se dirige a preparar la cena y sorprender a su novio. Decidió sorprenderlo y no avisarle a Jaejoong, ya que le encantaban las sorpresas.

*

Jaejoong no quería parecer aburrido, pero no podía dejar de bostezar, así que disimuladamente los escondía detrás de su mano mientras volteaba para que nadie lo viera.

–Debes estar muy cansado. –Le dice Seung, el fotógrafo, quien se había sentado a su lado.

–Un poco. –Le contesta algo avergonzado y con una sonrisa.

–¿Sabes?, eres muy natural, he trabajado con muchos modelos y tú eres diferente.

Jaejoong sabía lo que el otro estaba haciendo, estaba abiertamente coqueteando con él y también sabía que tenía que hacer algo al respecto, no quería malos entendidos.

–Mi novio dice lo mismo.

–Sé que tienes novio, pero tenía entendido que no era del medio.

–¿Cómo supiste? –Le pregunta Jaejoong sorprendido.

–Pregunté.

Jaejoong observa con los ojos entrecerrados a su amigo Junsu, quien lo ignoraba por completo porque conversa animadamente con una de las maquilladoras.

–No te enojes con él, lo hizo porque insistí, lo siento.

–Está bien, pero… de todas formas, ¿por qué… lo intentas… ya sabes…? –Le pregunta Jaejoong incómodo.

–¿Por qué aun así hago mis movimientos contigo?

Jaejoong lo queda mirando con la boca entre abierta, al menos el hombre es directo.

–Porque también supe que está trabajando fuera y no lo ves mucho.

Jaejoong pensaba que tenía que tener una conversación bastante seria con su amigo, ¿por qué tenía que contarle cosas tan privadas de su vida a un extraño?

El otro hombre se apresura en aclararlo. –No sé si Junsu te lo dijo, pero somos amigos, por eso me contó algunas cosas, pero lo repito, no te enojes con él, la verdad es que prácticamente lo obligué.

Jaejoong sólo suspira. –No sé qué es lo que te habrá dicho, pero estoy muy bien con mi novio.

El otro hombre asiente. –Entonces brindemos por eso. –Le dice para tomar otra botella de soju y llenar los dos vasos que estaban vacíos.

Jaejoong acepta porque no quería ser grosero, pero la verdad es que estaba contando los minutos para irse, sólo quería hablar con Changmin por teléfono, antes de irse a la cama a dormir.

El resto no para de beber y Jaejoong ya había llegado a su límite y no quería emborracharse y les avisa que tiene que irse, entre algunos reclamos se despide de todos, no sin antes tomarse fotos con todos y cuando está por salir, una voz lo sorprende.

–¿Podemos compartir taxi? –Le dice Seung, quien parecía bastante bebido, ya que arrastraba las palabras y se tenía que apoyar en el muro para no caerse.

Jaejoong realmente no quería tener compañía en su camino a casa y menos de ese hombre, quien aún lo miraba de la misma forma, con apreciación y algo más, pero no podía dejarlo ahí, así que con un suspiro asiente.

Había un taxi estacionado, por lo que no demoraron en subirse y partir a sus casas. Jaejoong le da su dirección al chofer y cuando voltea para preguntar la dirección del otro, se da cuenta que éste tiene los ojos cerrados. Lo mueve para despertarlo, pero el otro hombre no reacciona, sólo murmura cosas. El chofer lo queda mirando y Jaejoong sólo le dice que lo lleve a la dirección que le dijo. Con otro suspiro se apoya en el respaldo del asiento y con sorpresa se da cuenta que la cabeza del otro se apoya en su hombro, esta tentado en moverlo, pero con un nuevo suspiro lo deja ahí, de todas formas, no está haciendo nada más.

*

Cuando llegan a su casa, intenta nuevamente despertarlo, pero no tiene éxito y con ayuda del chofer lo sacan del auto. Jaejoong le agradece y con el brazo del hombre por su cuello logra llevarlo a la entrada de su puerta. No tenía otra opción que permitirle que se quede en su casa, ya que el hombre seguía sin hablar coherentemente, aunque podía caminar y apoyarse en la puerta mientras abría con su llave.

Lo ayuda a entrar y lo deja apoyado en la pared para cerrar la puerta, cuando voltea se da cuenta que el hombre está caminando mejor y se alarma, ¿fue esto un engaño?

Cuando camina por el corredor se detiene al ver al hombre mirando fijamente en la dirección donde se encontraba la cocina y Jaejoong se paraliza nuevamente, cuando ve salir la figura de su novio del lugar.

–Changmin… –Dice con sorpresa y alegría que se esfuma en seguida, cuando se da cuenta de lo que parece la situación.

Al notar que Changmin no le quitaba los ojos de encima a Seung, intenta aclarar las cosas.

–Oh, él es Seung, vino porque estaba…

No puede terminar porque el hombre no parece ni una pizca de borracho, menos cuando se endereza por completo y le devuelve la para nada amistosa mirada a su novio.

–Vete. –Le dice Changmin.

El hombre sonríe y se da la vuelta, no sin antes despedirse de Jaejoong cuando ya estaba cerca de la puerta.

–Hablamos. –Le dice.

–No es lo que parece. –Es lo primero que dice Jaejoong cuando siente la puerta cerrarse, ya que no le quitaba los ojos de encima a Changmin, quien había decidido no mirarlo, su mirada estaba dirigida al suelo. Con lentitud se apoya en la pared de corredor con una mano, mientras con la otra se quita el delantal de cocina que se había puesto.

–Chang…

–Me lo dijeron muchas veces…

–Sólo escúchame, mírame y escúchame. –Le suplica Jaejoong asustado. Changmin se negaba a mirarlo, había dejado caer el delantal y ahora estaba dándole la espalda apoyado todavía en la pared.

–Mis amigos e incluso mi familia, que no… que no… qué tu no eras para mí.

Jaejoong lo sabía, no tenía que ser adivino. Con los amigos de Changmin compartió sólo una vez, y se sintió tan intimidado -todos eran colegas con doctorados y miles de diplomas, que los hacían sentirse superiores a él-, que se imaginó que a los otros no les dio una buena impresión, no habló mucho, estuvo algo distante y estaba seguro que pensaban que era un cabeza hueca que estaba con el otro hombre sólo para pasar el rato. Cuando se lo preguntó a su novio, éste minimizó el asunto y no lo quiso preocupar, así que nunca más salieron con los amigos ni de uno ni del otro, porque los amigos de Jaejoong también tenían una opinión negativa de Changmin, como Junsu. Lo de su familia, ni siquiera se había atrevido a preguntar y ahora el hombre se lo confirmaba. Habían cenado un par de veces, pero también notó cierto rechazo, intentó ser él mismo, abierto y divertido, pero a sus padres y hermanas no los impresionó. Estaba seguro que pensaban lo mismo que sus amigos, que era un estúpido superficial, con intenciones ocultas para salir con un prominente científico, alguien tan inteligente y brillante que a temprana edad ya era destacado. Changmin era un genio y para los que lo conocían tenía que salir con alguien de su nivel intelectual, y claramente Jaejoong no lo era y para colmo, era un hombre. Su familia lo odiaba y aunque intentaban ocultarlo, Jaejoong siempre lo supo.

–Me decían que me engañabas…

–Changmin… eso no es verdad, Seung estaba borracho y no podía hablar, me pidió compartir el taxi y cuando llegamos…

–¿Por qué me mientes?, ese imbécil no estaba borracho.

–Pero…

–Jaejoong basta… deja de mentir. –Changmin no lo dejaba hablar.

–Te digo la verdad, mírame y sabrás que digo la verdad.

Changmin no mueve un músculo, así que es Jaejoong quien se acerca lo suficiente para intentar que lo mire a los ojos, pero Changmin no se lo permite, porque sigue mirando la pared y cuando Jaejoong lo toca, lo aleja con un movimiento de su brazo, Jaejoong cree que no va a soportar el rechazo por más tiempo.

–Piénsalo bien, Jaejoong, ¿hace cuánto tiempo que salimos y cuanto tiempo de esos meses hemos estado realmente juntos?

–Eso no importa, yo…

Changmin no le permite continuar. –Han sido ocho meses de los cuales no habremos visto… ¿dos o tres?

–No es cierto. –Intenta refutar Jaejoong, ¿qué quería decir Changmin?

–Es cierto, no nos engañemos, lo nuestro no va para ningún lado.

–No tiene sentido lo que dices, sólo ayer dijiste que me amabas…

–Tú también me lo dijiste, pero fueron sólo palabras… ¿hace cuánto tiempo que me engañas?

–Ya te dije que no es verdad, Changmin, por favor…

Pero Changmin no quería explicaciones. –Está bien, tarde o temprano esto tenía que pasar.

Jaejoong no puede aceptar lo que está escuchando, ¿Changmin quiere dejarlo? –No puedes hablar en serio.

–Lo acabo de ver con toda claridad, lo que venía negando desde que te conocí.

–Tienes que escucharme. –Le ruega Jaejoong, ya con lágrimas formándose en sus ojos.

–No me interesa lo que tengas que decir.

Jaejoong se queda en silencio, cada palabra de Changmin era como un golpe en una parte diferente de su cuerpo, lo que acaba de recibir fue un golpe directo a su corazón.

Changmin comienza a moverse en dirección a la salida y Jaejoong ahora siente como si una cuchilla lo atravesara.

–¿Nunca le tuviste fe a lo nuestro? –Le pregunta casi en un susurro Jaejoong.

Changmin se detiene un segundo, pero continua sin decir una palabra.

–Sólo contéstame esto. –Jaejoong no se podía dar por vencido todavía, esto era una locura, hace unos minutos pensaba en hablar con su novio por teléfono para darle las buenas noches y ahora éste estaba terminando con él para siempre, nada tenía sentido.

–¿Cuándo decías que me amabas…?, ¿era verdad?

Changmin está vez no se detiene, pero se coloca los zapatos y la chaqueta y al abrir la puerta contesta, también en un susurro. –Sí...

Jaejoong ve borroso cuando se da cuenta que lagrimas nublan su vista. Entonces… si se amaban, ¿por qué estaban terminando?, ¿el amor no era suficiente?

Jaejoong sale corriendo cuando se hace esa pregunta, ve como Changmin toma un taxi y corriendo le grita que se detenga, pero el automóvil parte a gran velocidad y por más que grita, el taxi se aleja de su vista a una velocidad que sus pies no pueden alcanzar.

Changmin no lo escucha, pero de todas formas voltea en su asiento, cuando ve la figura de Jaejoong, piensa en detener el taxi, pero a quien engaña. Esto era lo mejor… tarde o temprano terminarían y era mejor hacerlo ahora, cuando aún creía que podía olvidar al otro hombre.

Con su vista borrosa por las lágrimas que comienzan a caer, se da la vuelta, se acomoda en su asiento y se limpia las rebeldes lagrimas que no quieren dejar de salir.